Mi propósito de Año nuevo: que todos leáis más en 2017

Este post es para todos los que habéis encontrado un libro debajo del árbol de Navidad y habéis pensado que era lo que necesitabais para calzar la mesa del comedor. Para los que el último recuerdo que tenéis de la lectura es de hace más de quince años, cuando el profesor de turno os obligaba a leer uno de los tochos de la biblioteca a la hora del recreo cuando os portabais mal. Para los que veis un libro y pensáis que donde esté el Candy Crush que se quite todo lo demás.

Mi único y valioso propósito de Año Nuevo es conseguir que todos leáis un poco más en 2017. Y no, no vais a encontrar un recopilatorio de frases de Paulo Coelho y compañía hablando de cómo se alimenta el alma con la lectura. Para eso ya está Facebook. Yo os voy a convencer de que vuestras excusas son eso, excusas.

Este post es también para vosotros, para los que habéis obsequiado con un libro y habéis visto que el regalado pone la misma cara de incomprensión que si le hubierais pedido que arreglara una central nuclear. Por un lado, porque os daré respuesta a los pretextos típicos de por qué la gente no lee. Por otro, si queréis regalar un libro para Reyes a alguien que no suele leer, quizá os sirva alguna de mis ideas. Y, por último, siempre podéis acompañar vuestro regalo con un link a este post.

Empecemos.

A mí es que leer me aburre

 

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Seguro que a Brad le aburren muchas cosas, pero los libros no son una de ellas

Lo entiendo, colega. En serio. Si yo solo hubiera visto películas de la Guerra Civil española protagonizadas por personajes más envarados que una bandera, también diría que qué coñazo es el cine. Sin embargo, es muy difícil darle una segunda oportunidad a la lectura. Puedes ponerte una película de fondo y acabar descubriendo que te gusta, mientras que con el libro hay que concentrarse y dedicarle tiempo.

De todas formas, los libros son como las pelis. Hay de todo, y para todos los gustos. Por ejemplo, si te gusta el fútbol, puedes leer La jugada de mi vida, las memorias de Andrés Iniesta, o Creer, de Diego Simeone. Después puedes seguir por Bajo los cielos de Asia, de Iñaki Ochoa de Olza, historia sobre la que Informe Robinson de Canal+ hizo un reportaje.

Si, en cambio, lo gozaste todo con el Señor de los Anillos, tienes desde Falcó de Pérez-Reverte, que siempre queda muy bien decir que lo estás leyendo, hasta El nombre del viento de Patrick Rothfuss, pasando por un montón de libros de acción y aventuras que es un género que funciona igual de bien que el de los superhéroes en el cine. A todo esto, debo decir que El nombre del Viento es un libro entretenido, pero algo sobrevalorado.

¿Te gustan los videojuegos? Pues léete El diario perdido de Barbanegra, que te sonará si has jugado a Assassin’s Creed Black Flag. Y, por los Dioses de Kobol, tienes todos los libros de Andrzej Sapkowski en los que se han basado los videjouegos de The Witcher. Las aventuras de Geralt de Rivia son imprescindibles en cualquiera de sus formatos.

 Yo no tengo tiempo para leer

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Calma, calma, que no obligo a nadie a leer… Todavía.

Ya. ¿Y quién lo tiene? No hay tiempo para leer, ni para ir al gimnasio ni para aprender inglés. Pero, al final, lo encontramos para engancharnos a la peli de sobremesa de turno, muchas de ellas alemanas, por cierto.

Cuando pensamos en leer nos viene a la mente aquella novela de seiscientas páginas que cría polvo en una esquina, pero no todas las lecturas son así. Podemos escoger libros cortos, como La balada del café triste de Carson McCullers, que te lo lees en un par de horas y te deja el cuerpo extraño, aunque algo más sabio. También tenemos obras como El juego de Ender, de Orson Scott Card, o Momo, de Michael Ende. Los dos tomos, además, pueden leerlos los adolescentes entre botellón y botellón. Éxito garantizado, creo yo.

Pero pienso que hay vida más allá de las novelas: las novelas gráficas. Sí, sabemos que están denostadas por los repipis de la literatura, esos que consideran géneros menores a todo lo que no sea realismo mágico. Sin embargo, en las novelas gráficas se conjugan dos artes que, juntas, dan calidez al alma: el dibujo y la escritura. Tenemos, por ejemplo, la única novela gráfica ganadora del Pulitzer, Maus. Es de Art Spiegelmann y va sobre el holocausto. Si no te pone la piel de gallina es porque estás muerto.

También tenéis mangas. No todos van sobre monstruos con tentáculos, algunos son tan intensos como Death Note, de Tsugumi Obha, en la que un chaval se hace justiciero cuando encuentra una libreta con la que puede matar a maleantes con solo apuntar su nombre. O Attack on Titan, de Hajime Isayama, donde unos gigantes se dedican a aterrorizar a los humanos, que lo único que pueden hacer es intentar que no se los coman. En los dos muere tanta gente que, en comparación, Juego de tronos o The Walking Dead son un juego de niños.

Meh, con lo caros que son los libros

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No nos engañemos, a veces somos pobres solo para lo que queremos

Esta afirmación me gusta mucho. Primero, porque es cierto que hay libros que cuestan una pasta. Suelen ser ediciones de tapa dura con páginas en color y un nombre conocido en la portada. Pero no es necesario gastarse un dineral ni descargar libros gratis para poder leer.

Vivimos en un momento muy, muy dulce para el lector. Tenemos bibliotecas, ebooks y librerías con un catálogo de fondo de armario barato y bueno. Además, Amazon tiene cientos de obras de autores indie a menos de un euro, y no todas son tan malas como creéis.

Por otro lado, está el valor que le queramos dar a una obra escrita. Un libro de, no sé, ocho euros, cuesta menos que un Gin-Tonic en cualquier local de Barcelona. Y yo bebo y leo rápido, pero un libro me dura mucho más que el alcohol, la borrachera y la resaca.

Soy un alma triste y ningún libro puede calentar mi frío y muerto corazón

A vosotros, a los que pensáis en leer un libro y notáis que la idea os expulsa igual que un exorcista echa al demonio del cuerpo de un poseído, no puedo deciros nada. Un libro se lee, se siente. Y, para ello, hay que tener una predisposición especial, un acuerdo tácito entre escritor y lector en el que todo desaparece y lo único real e importante es lo que hay en las páginas del libro. Si el lector no pone de su parte, difícilmente se impresionará, aunque el autor haga piruetas y consiga que una foca cante el Aleluya de Haendel.

Pero aún hay un poco de fe para vosotros. Vamos a hacer un pacto. Algo relacionado con mi propósito secreto para 2017. Si antes he dicho que solo tenía un propósito es porque un escritor miente de una forma muy creíble cuando escribe. Y, además, es un propósito que solo nosotros sabremos.

Este año seguiré escribiendo mi novela de fantasía, y acabaré la de ciencia ficción. Un tomo corto, interesante, intrépido. Cuando lo publique os pediré que lo leáis, ¿de acuerdo?

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Mi novela derretirá vuestro corazón, oh yeah.

En eso de aprender inglés e ir al gimnasio ya he tirado la toalla, así que en 2017 me toca ser realista: voy a conseguir que todos leáis un poco más, y publicar mi primer libro. ¿Me acompañáis?

Carla

@CarlaCamposBlog

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Imagen de Lazie Slezak

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