Worldbuiling, sociedad y estereotipos: vida y literatura

Analizar la sociedad y el comportamiento de las personas que la forman es uno de mis entretenimientos favoritos. Además de intentar entender mejor al ser humano, cosa que me fascina, me sirve para mi día a día y, también, para reflejarlo en mis relatos.

Hay muchas maneras de enfrentarse a este estudio, como por ejemplo de forma individual, entendiendo al sujeto como un producto de la sociedad y de su mundo, o bien examinando un subgrupo de personas con las mismas características.

Si hacemos el análisis individuo a individuo hemos de tener en cuenta que cada uno de nosotros somos producto de nuestra experiencia personal y de los inputs que recibimos. Por un lado, nuestra forma de ser se ve influenciada de manera local por la familia y los círculos cercanos o, incluso, por el barrio en el que vivimos. No es lo mismo nacer en una barriada obrera de Madrid que en el barrio de Salamanca. Por otro lado, la cultura y la sociedad también nos influyen. Además, la televisión y el cine ha hecho que la cultura anglosajona se imponga sobre otras locales. Como ejemplo, tenemos el desplazamiento de la festividad de Todos los Santos por Halloween, celebración que nos ha llegado gracias a películas y series norteamericanas.

Si estudiamos subgrupos de personas, hacemos de la estadística una norma. Me refiero a que la estadística nos da una serie de reglas que pueden aplicarse a todo un conjunto de personas como, por ejemplo, que quienes viven en el barrio más caro de la capital tienen buenos sueldos. De ese modo, proyectamos sobre todo el colectivo criterios e incluso vivencias que suponemos que las hacen ser como son. Así, podemos creer que quienes tienen un nivel de estudios bajos suelen ser los que, también, tienen salarios inferiores. O que los escolares cuyos padres tienen estudios universitarios también los tendrán en el futuro.

Análisis de la sociedad y worldbuilding

Si queremos escribir desde una corriente literaria como el realismo mágico, thriller o romántica, solo hay que pensar en lugar y una época del mundo para ubicar tu historia.

En cambio, cuando escribimos fantasía, una vez que tenemos el tema sobre el que queremos escribir y los personajes con los que llevaremos la trama, llega el momento del worldbuilding. Este palabro anglosajón, unión entre world, mundo, y building, construcción, recoge un proyecto muy interesante: crear un mundo con una cultura, economía, religión y geografía en el que se desarrolla la historia. Es importante porque este mundo, como decíamos antes, creará la sociedad que dará forma a las maneras de pensar y actuar de los personajes. Esta configuración del mundo, sumada a los arquetipos que nos explicaba Mónica en un excelente artículo, hará creíbles las metas, las ideologías, las manías y los problemas de nuestros seres de ficción.

El mundo como inspiración para el worldbuilding

Creo que no hay ningún escritor de género fantástico que no se haya inspirado en la historia de la Tierra para crear sus relatos. Si pensamos en R. R. Martin y su conocido Juego de tronos, cuyo muro es la versión helada y gigante del Muro de Adriano, o en las culturas celtas y nórdicas en las que se basó Tolkien para hablar de los elfos o la Tierra Media.

En realidad, no hace falta irse a los libros de fantasía. Rebelión en la Granja, un libro donde los protagonistas son animales, fue la respuesta de George Orwell al comunismo. En Un mundo feliz, Aldus Huxley exageró los rasgos de la sociedad de los años 30 para crear una novela distópica que pone los pelos de punta.

El peligro de caer en el estereotipo lógico

Como decíamos, nos podemos inspirar en la Tierra para ambientar nuestras novelas. Por ejemplo, supongamos que queremos escribir sobre una sociedad cuyos sueños se han roto, y encuentran en un nuevo líder la oportunidad de recuperar las ilusiones que sus padres o abuelos tenían y cumplían. Podríamos coger el libro de historia y buscar situaciones similares, o podríamos leer un diario y analizar lo que está pasando en Estados Unidos. Personas descontentas, que creían que con Obama iba a cambiar su situación, echan la culpa de su estado al poder establecido y creen que elegir a una mandatario con un discurso rupturista con el establishment, aunque forme parte de él, mejorará las cosas.

Muchos europeos y americanos nos preguntamos cómo un hombre multimillonario, abiertamente xenófobo, racista y misógino ha llegado a la Casa Blanca. Y está claro: ha conectado con las clases medias y bajas de uno de los países más ricos del mundo. Lo fácil es pensar que sus votantes cumplen con un estereotipo: hombres blancos, de clase media-alta y con ocho apellidos americanos. Es fácil porque es lo que nos dice la lógica.

¿Qué haríamos en nuestra novela? Al gobernador machista y racista lo apoyarían todos los hombres de sus misma raza. Y el resto, se opondría. ¿Es lógico? Sí. ¿Nos equivocamos? Muchísimo.

El error viene cuando no incorporamos ningún matiz a esos datos. Si dirigimos la mirada a lo que ha pasado en Estados Unidos, nos enteramos de que más del 50% de las mujeres blancas votaron por Trump, o que el co-fundador de Latinos for Trump, Marco Guitiérrez, es latino y opina que <<los hispanos son una cultura “primitiva y subdesarrollada” y que los estadounidenses deben tener miedo a los mexicanos>>.

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La lógica llorando porque ha fallado el estereotipo

Huir del worldbuilding plano

Hay que nadar entre matices para crear una sociedad con unos personajes verosímiles y con vida. Para ello, hay que pensar en qué es lo que hace fallar al tópico.

Mi hipótesis es que el estereotipo queda invalidado por el sistema de valores de cada individuo, que determina la forma de ser y la ideología. Y que esta última puede estar enfrentada al cliché que se le presupone según sus características sociodemográficas.

Analicemos el ejemplo anterior, el de Marco Gutiérrez. Es un hombre latino, por lo tanto, no es blanco ni norteamericano de nacimiento. Es un mexicano que consiguió la nacionalidad de Estados Unidos en 2003. Desde entonces, según sus palabras, ha sido Republicano.

Por sus rasgos sociodemográficos, podríamos pensar que al último que votaría en la carrera presidencial sería a Trump. Sin embargo, hay un detalle revelador en su biografía: consiguió la nacionalidad hace poco, de adulto. ¿Qué ha podido pasar? No lo sé, así que solo queda tirar de imaginación. Podemos pensar, por ejemplo, que hasta conseguir el pasaporte norteamericano se sentía inseguro, incluso apátrida. Que cuando un papel le dijo que era estadounidense, su sentimiento de pertenencia al país le hizo relegar, e incluso denostar, su origen, y que pasó a la última posición en su escala de valores.

Al escribir, debemos pensar qué cosas son las que pueden hacer que una persona vaya contracorriente, que no actúe según se espera por su origen o situación. Cada persona es un cúmulo de eventos que lo hacen único, como a Marco Gutiérrez, y eso es lo que el escritor debe plasmar en sus novelas.

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El mundo no es plano. Hagamos que se note en nuestras novelas. Imagen de Steven Díaz (créditos al final del artículo).

El estereotipo simplifica la vida en todos los aspectos pero no es veraz

El estereotipo nos ayuda a tomar decisiones si no tenemos tiempo para conocer a la otra persona en profundidad. Es el que nos hace agarrar el bolso cuando aparece alguien con ropa desgastada y la cara medio tapada, o lo que nos indica que debemos fiarnos de esa persona aseada y pulida que no deja de sonreír y que se muestra humilde pero segura.

Como decía Mónica, el uso del estereotipo puede ser malo si nos sirve para denigrar a todo un colectivo. En el ámbito de la literatura, puede hacer que simplifiquemos hasta lo absurdo a un personaje.

Por eso, es peligroso que el estereotipo haga un uso lógico de la experiencia, ya que nos puede hacer pensar que es totalmente fiable y que no tiene ninguna brecha.

Dibujar al colectivo para hacer destacar al individuo

Sin embargo, pensar en aquello que comparte una sociedad o un grupo de personas nos sirve, en la creación de mundos, para hacer único a cada individuo que la integra. Una vez tenemos los rasgos generales de una sociedad, debemos pensar qué experiencias distancian al personaje de la norma.

Esas vivencias deben ser lógicas. Volvamos al ejemplo de Juego de Tronos. Arya Stark tiene todos los números de ser como su hermana Sansa y que solo le interesen los vestidos y los príncipes. En cambio, le interesa más lo que hacen sus hermanos: luchas para convertirse en caballeros. Arya juega con ellos y, su padre, por hacerla feliz, le pone un profesor de lucha. ¿Cumple con la norma? No. ¿Es lógico que no la cumpla? Sí.

R. R. Martin transgrede la norma común, crea experiencias únicas para Arya y construye un personaje veraz.

Hay que analizar al individuo, aunque suponga más trabajo

Como comentaba antes, los prototipos nos facilitan la vida. Conocer a alguien y poder encasillarlo nos ayuda a saber cómo tratarlo. Pero clasificar a las personas por rasgos generales, estadísticos, genera prejuicios en el día a día y empobrece nuestros textos literarios. Entonces, preguntémonos qué cosas fuera de la norma pueden hacer menos estadísticos a nuestros personajes. Tengamos paciencia para descubrir qué hace especiales a las personas que nos rodean.

Carla Campos

@CarlaCamposBlog

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Foto de Steven Díaz

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5 comentarios en “Worldbuiling, sociedad y estereotipos: vida y literatura

  1. palomavelilla dijo:

    ¡Gracias!
    “Sin embargo, pensar en aquello que comparte una sociedad o un grupo de personas nos sirve, en la creación de mundos, para hacer único a cada individuo que la integra. Una vez tenemos los rasgos generales de una sociedad, debemos pensar qué experiencias distancian al personaje de la norma.”
    Esa conclusión que parece tan simple encierra un dato indispensable para construir a los personajes. Con los ojos puesto en ello, me dispongo a repasar el perfil de los míos. ¡Muy bueno!

    Le gusta a 1 persona

  2. Eva dijo:

    Un buen artículo para hacernos reflexionar, Carla. Está muy bien escrito y es un tema interesante para debatir. La conclusión que saco: los estereotipos nos hacen sentir seguros. En cuanto a tu hipótesis sobre el sistema de valores de cada individuo, ¿no está también muy condicionado por su entorno social? Si es así, estaríamos en un bucle infinito. La cuestión está en determinar en qué proporción el individuo nace y en que proporción se hace.
    Muy acertada la comparativa con el votante de Donald Trump, para romper moldes. Creo que a día de hoy medio mundo se está preguntando cómo ha podido suceder algo así. Supongo que los sociólogos están manos a la obra con el análisis. Y es que por mucho que encasillemos y clasifiquemos, siempre suceden cosas inesperadas, que se escapan a toda lógica. Y ahí es donde entran los escritores, a recoger esas historias y contarlas a los demás. Y es que al final la realidad siempre supera a la ficción, o como decía una cita que leí hace poco en un libro: la única diferencia entre realidad y ficción, es que la ficción tiene sentido.

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    • Carla dijo:

      Eva, qué gran comentario, es un corolario perfecto para mi artículo.
      Sin duda, la situación individual se retroalimenta de variables que forman un bucle infinito, y a la vez, hay diferentes casualidades que pueden hacer único a todo el mundo.
      Me pregunto cómo se verá lo sucedido en Estados Unidos dentro de, no sé, cien años. Entre lo que nos queda por vivir y lo que hemos vivido que no entendemos, dará para millares de artículo.
      ¡Me encanta tu cita final! Si recuerdas de qué libro es, ¡dínoslo!
      ¡Un abrazo!

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  3. Adela dijo:

    Querida Carla: creo que el mejor comentario ha sido ver la lectura y las conclusiones que ha compartido Eva en este hilo. Es estupendo comprobar cómo un artículo despierta tanto interés y nos hace pensar a fondo en cuestiones que tienen mucha más importancia de lo que a simple vista pueda parecer. Un trabajo extraordinario. ¡Felicidades, amiga! 🙂

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