DE ESCRITORES, BRÚJULAS, MAPAS Y BLOGS

No hace falta ser muy imaginativa para distinguir a los escritores de brújula de los de mapa. Los de brújula empiezan a escribir partiendo de alguna idea, de algún personaje concreto, o de alguna situación que han vivido, pero sin saber muy bien adónde los llevará el desarrollo de su proyecto. Van, por decirlo así, improvisando sobre la marcha. Los de mapa, por el contrario, hacen un trabajo previo que implica una planificación cuidadosa. Elaboran una serie de indicaciones o pasos a modo de hoja de ruta. Y con esa guía avanzan en la escritura hasta llegar al final que tienen planeado desde que inician su historia.

Brújulas, mapas y bloggeros

Se me ocurre que algo así podría decirse de algunos blogs. He visto artículos sobre tipos de blogs que los clasifican en función de diferentes variables, por ejemplo, según el público al que se dirigen, según el contenido, según la finalidad. Nos podemos encontrar, por tanto, con blogs personales, profesionales, de marca, de negocios, y un montón de etiquetas más sobre las que no creo necesario extenderme. Pero si tuviera que atenerme a una clasificación para nuestro Letras desde Mocade, diría que es un blog de escritoras noveles para escritores noveles o, ¿por qué no?, consagrados; nos encantaría que nos visitaran para dejarnos consejos y opiniones. Y esa clasificación la he tomado de un artículo de Gabriella Literaria  que descubrí en su blog, y que define muy bien este universo. Cuando lo leí, me identifiqué en seguida con el primero que describe.

Letras desde Mocade es, o queremos que sea, ese café donde podemos refugiarnos en una tarde de lluvia, o en un día soleado, para encontrarnos con amigos y pasar un rato agradable haciendo lo que nos gusta: escribir para aprender, aprender para escribir y compartir conocimientos, relatos, artículos, y todo aquello que nos pueda enriquecer.

Detrás de cada blog están las personas que lo escriben. Y si quisiera trasladar ese concepto de escritores de brújula o mapa a nuestro blog, no sabría bien cómo incluirlo. Porque Mocade somos cuatro amigas. Unas más de brújula y otras más de mapa. Y es importante para todas nosotras asegurarnos de que se nos conozca bien, de que quienes nos sigan tengan claro lo que ofrecemos y cómo lo hacemos. Así que, puestos a describir, diría que nuestro blog nació un poco con brújula, pero en el mes y algo que llevamos con él, hemos empezado a dibujar un mapa. Y queremos que sea un mapa interactivo. Por eso nuestro Letras desde Mocade ha añadido una habitación de invitados a su casa. Hemos ideado el apartado de “Pido la palabra” para que quienes nos lean y sientan el deseo de algo más, de escribir también en nuestra página, puedan hacerlo. Y, por el mismo motivo, nos hemos puesto un calendario serio y nos hemos comprometido a publicar relatos y artículos, porque queremos intercambiar textos y aprendizajes.

El plano de Mocade

Cuando una persona empieza a construir su casa, es frecuente que, antes o después, aparezcan los famosos “ya que…” Y eso, en una obra, puede suponer cuando menos un engorro, por no hablar de un presupuesto inflado hasta límites espeluznantes: “ya que” ponemos la cocina se puede aprovechar y ampliar el lavadero, “ya que” el baño hay que echarlo abajo podríamos comprar ese Jacuzzi que vimos en las rebajas, “ya que”… póngase lo que se quiera.

En el caso de Mocade, nuestros “ya que” viene sin esas cargas a cuestas. Porque “ya que” hemos visto que hay personas que nos siguen, queremos darles la oportunidad para que compartan sus escritos con nosotras. “Ya que” hemos empezado a asomarnos a las redes, estamos aprendiendo y disfrutando cuando descubrimos enlaces de utilidad que podemos compartir con nuestros seguidores. “Ya que” las cuatro hicimos realidad nuestro proyecto de escribir, queremos darle continuidad.

Hemos empezado con una brújula, a golpe de timón, pero nos gustaría que nuestra navegación fuera creando mapas que ayudaran e hicieran disfrutar a otros. No es que seamos Cristóbal Colón, pero tampoco él sabía, cuando zarpó, que América lo estaba esperando.

Ojalá vosotros y nosotras lleguemos a ser como esa tripulación de las tres carabelas. Nosotras, al Nuevo Mundo que esperamos descubrir y que nos está aguardando para que lo exploremos, ya le pusimos nombre: Mocade. Su worldbuilding, su moneda, sus leyes, sus nativos… todo está por disfrutar y por crear. Y en ello estamos.

Adela Castañón

Imagen de archivo (stock): Travel geography navigation concept background – old vintage retro compass with sundial, spyglass and rope on ancient world map. Número de la imagen300305837. Derecho de autor: f9photos

 

Tiempos y maneras

LOS TIEMPOS

Mi infancia transcurrió en los tiempos remotos en los que la comunicación con otros dependía de la potencia de voz del emisor. No había móviles, ni Whatsapp, ni, por supuesto, más redes que las de pesca. Al menos con nombre propio. Porque sí que existían redes sociales, aunque no sabían aún que en el futuro se llamarían así. En aquellos tiempos nuestras madres nos localizaban por el método primitivo y universal de salir a la puerta de la casa y dar una voz para llamarnos por nuestro nombre. No había que consultar ninguna pantalla para saber qué eventos había en marcha, ni dónde tendrían lugar (básicamente en la plaza del pueblo).

En unos pocos años se ha producido un cambio cualitativo y cuantitativo en el ámbito de la comunicación. Tal vez, al estar inmersos en ello, no somos muy conscientes de su magnitud, pero ahí está. La Historia ha pasado de escribirse de modo artesanal, con plumilla de ganso y papiro, a quedar inmortalizada en dedos que teclean a la increíble velocidad de quinientas pulsaciones por minuto. Y eso afecta a todos los matices de esa hermosa palabra: “Historia”. Si pensamos en las edades de la historia, creo que va siendo hora de que alguien con más credibilidad que yo invente una nueva edad. Ya tenemos noticias de la Prehistoria y de las Edades Sucesivas (Antigua, Media, Moderna y Contemporánea), pero habría que inventar una nueva Edad para los tiempos actuales. Aunque recurra al tópico en este punto de mi artículo, si nuestros abuelos levantaran la cabeza la volverían a bajar de puro susto al no poder reconocer el mundo en el que vivieron. “Historia” es también el periodo que transcurre desde la aparición de la escritura (allá por el año 3.500 a. de C. -gracias a los sumerios-) hasta la actualidad. Es, en otra acepción, la narración de sucesos reales o imaginarios, el registro de datos en una historia clínica, y muchas cosas más. Y la “Historia”, con mayúscula, es el marco donde se escriben nuestras “historias” cotidianas.

Y la de este blog, comienza en este tiempo. Esta criatura con cuatro madres, o más bien, con dos madres y dos abuelas (si nos atenemos a las edades de las amigas que lo hemos creado con mucho amor), nace con una carga genética muy especial: el deseo de hacer realidad nuestras ilusiones. De cambiar la conjugación del tiempo del verbo “Escribir” y dejar de hacerlo en futuro para pasar al presente. Y, si vuelvo la vista atrás, hace unos años publicar esto hubiera sido como ir escribiendo por entregas una novela de corte futurista, en el más puro estilo de la ciencia ficción.

LAS MANERAS

Dentro del marco teórico que he intentado dibujar jugando con el tiempo, el aterrizaje práctico plantea una cuestión elemental: ¿cómo podemos alcanzar esa universalidad de la comunicación? ¿Qué recursos tenemos para compartir proyectos, información, relatos, noticias, con el resto de la raza humana? Porque, al fin y al cabo, se trata de eso.

Pues yo misma soy un buen ejemplo. Pero empezaré por uno más entrañable, exponiendo el caso de mi tía, una señora de ochenta y cinco años, que hace cinco compró (instigada por su sobrina) su primer ordenador, y que hace un año superó la fase de novicia, aquella en que me llamaba por teléfono pidiendo ayuda con peticiones de auxilio que parecen sacadas de un libro de chistes. Recuerdo un problema con el Router, en el que le pregunté que qué luces tenía encendidas y me dijo que la del salón, o cuando le dije que buscara un documento perdido en la papelera, y me respondió que todavía no había llegado a imprimirlo porque se le había escapado de su carpeta. O cuando, no sé ni cómo, perdió todos los iconos de su escritorio y yo, a sesenta kilómetros y por teléfono, delante de mi pantalla, con san Google como ángel de la guarda, la pude ayudar a recuperar tanto sus iconos como su autoestima.

El ejemplo de mi tía solo demuestra que, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Porque si hubiera caído en la tentación de reírme de ella (que no lo hago, puesto que nos reímos juntas), ahora tendría que soportar que el mundo se carcajeara de mí. Cuando me preguntan si navego por Internet, suelo responder con toda sinceridad que, no sólo no navego, sino que apenas me mojo los pies, y aun así estoy a punto de ahogarme un día sí y otro también. Las redes sociales siguen siendo para mí algo similar a un libro escrito en esperanto, pero eso no me frena a la hora de intentar su lectura. ¿De qué manera lo hago? Pues igual que cuando aprendí a montar en bicicleta: pedaleando, cayendo, y volviendo a levantarme para pedalear. Y mi bicicleta tiene tres ruedas auxiliares que son mis tres amigas.  Gracias a ellas he dejado atrás el lastre de mi vergüenza y me he lanzado a escribir.

Ésta será mi primera publicación en el blog. Me daba pudor y pensé echar mano de uno de los relatos que, como en un embarazo múltiple, tengo escritos a la espera del momento de darlos a luz, pero para ser mi primera contribución he preferido arriesgar un poco. Tiempo habrá de todo. Que el artículo de Mary Sue / Gary Stu de mi amiga Carla, me ha espoleado y ha despertado mis ganas de ser también un poco creativa.

Eso es lo que quería compartir en cuanto a tiempos y maneras por las que he llegado aquí. Ojalá Mocade os resulte, como me está resultando a mí, un mundo comparable al paraíso donde todos soñamos pasar nuestras vacaciones, un País de Nunca Jamás donde podamos seguir siendo niños, una Tierra Media donde todo es posible. Os puedo decir algo: sea como sea, es un país que no tiene fronteras. Estáis invitados a visitarlo cuando os plazca.

Adela Castañón

Imagen: OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Los habitantes de Mocade

Mocade es un lugar en el que la inspiración vuela. Extiende sus alas buscando mentes abiertas y choca contra ellas, para acabar convirtiéndose en puentes, sonetos o pinturas.

Un día, hará unos dos años, uno de esos númenes miró a izquierda y derecha desde una nube, pegó un salto como el de un concurso de trampolín y planeó hasta una cabeza que estaba especialmente receptiva. Su ilusión se transformó en sorpresa al encontrarse con un cerebro falto de experiencia y de conocimiento, así que se sentó en el suelo con las piernas cruzadas a lo indio y gritó: A ver, ¡tú! O te pones las pilas y aprendes a escribir o me voy al cerebro de una hormiga, que me aprovechará mejor.

Cuando oí esas palabras -imposible no hacerlo, retumbaron en todos mis huesos-, decidí que tenía razón y que debía apuntarme a esta aventura. Y lo hice sola, sin saber con qué me iba a encontrar. Y no sé si aquí tiene algo que ver la suerte u otras musas que se pusieron de acuerdo con la mía, pero di con mis tres amigas y compañeras, que me ayudaron -y siguen haciéndolo- a mejorar cada día.

Creo que con la primera que hablé fue con Carmen, la profesional. Una mujer experimentada en las lides de la literatura. De esas personas que lee un texto y, por muy mal escrito que esté, encuentra puntos que vale la pena destacar y, de paso, te nombra una obra de la literatura en lengua hispana (o en arameo, que no tiene manías) y te busca las similitudes. Y sin despeinarse. Ni consultar Wikipedia.

Su estilo es clásico, de ese que, al leerlo, piensas: no solo estoy disfrutando sino que también estoy aprendiendo. Vocabulario, historia, maneras. Leerla te da la misma sensación que después de acabar El Quijote: el orgullo de poder decir que te has leído un clásico y que lo has entendido. Y sin postureos porque lo has disfrutado.

Luego está Adela, Corazón de León. Corazón, porque cuando escribe desde las profundidades de su alma hace unos textos que emocionarían hasta a Atila; de León, porque cuando se le mete algo en la cabeza lo consigue. Siempre tiene una palabra amable para todo el mundo. Bueno, sobre todo tiene palabras. Muchas. Porque no calla ni aunque le hagan un zurcido de espiga los labios, y es fenomenal porque todo lo intercala con risas contagiosas.

Sus letras son frescas, vivarachas. Por alguna razón que aún no he logrado entender, tiene una prosa que rebosa vida. Lo veréis vosotros mismos: cuando leáis sus escritos, se os quedará la misma satisfacción que después de haber comido vuestro plato favorito. La impresión de que todo está bien. Aunque escriba sobre asesinatos. Al final, todo está bien.

Mónica, la perspicaz, es la tercera integrante del grupo. Sí, ese es el adjetivo que me viene a la cabeza cuando pienso en ella. La tía ve cosas que otros pasamos por alto: pequeños detalles de una profundidad que intuyo que no todos podemos percibir, ni aún entrenándonos.

Por esos sus textos son así: intensos. No hay emoción que no toque ni temas lo suficientemente peliagudos como para que le den miedo. Se enfrenta a todo: el amor, la muerte, la locura. Y con sobresaliente. Porque deja al lector tocado, dándole vueltas a lo que acaba de leer y también a su vida entera.

Y, por último, estoy yo. Si me tengo que poner un sobrenombre, diría que soy Carla, la aprendiz de todo. No hace falta que ponga lo de experta en nada que ya se da por supuesto y no hace falta hacer sangre, gracias. Y estoy aquí, junto a mis compañeras, para aprender a escribir y liberar a mis musas, pobres, que ellas no tienen la culpa de haberse estrellado contra mí.

Mocade es ese lugar en el que nos reunimos las cuatro para dar rienda suelta a nuestras necesidades. Por un lado, dejar que la inspiración fluya. Por otro, afianzar los conocimientos que vamos ganando y compartirlos, porque creemos que hay mucha gente ahí fuera que está en la misma situación que nosotras. Y por último, conocer a todas aquellas personas que quieren leer cosas nuevas, compartir sus historias y aprender juntos.

Personas que aún no lo saben pero que son habitantes de Mocade.

¡Bienvenidos!

Carla

@Bronte__

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Imagen de Eliot Peper