Profesoras aragonesas en un callejero paritario

En el año 1948 Agustina Rodríguez obtuvo el traslado al barrio zaragozano de Santa Isabel. Cuando llegó no tenía local para dar clases ni tampoco vivienda. Construyó, con su marido, una casa escuela y la alquiló al Ayuntamiento. Dedicaron la planta baja a vivienda y usaron la primera como aula. Agustina es un ejemplo más de los muchos maestros que dejaron lo mejor de sus vidas enseñando a los niños, aunque para ello tuvieran que realizar actos heroicos que, en principio, nada tenían que ver con su profesión.

Agustina Rodríguez, diez maestras más, dos profesoras de instituto y tres de universidad, se han ganado a pulso estar en el callejero de Zaragoza. Las dieciséis han sido unas campeonas. O mejor dicho, unas heroínas, por aquello de que en el Callejero de 1863 se honraba, con nombres y apellidos, a las primeras “Heroínas de los Sitios”: mujeres que defendieron la ciudad de los ataques de los franceses en los dos sitios que sufrió Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Estas dieciséis profesoras han entrado tarde, muy tarde, más de cien años después que las heroínas. Casi todas están en los barrios rurales, donde más se reconoció la labor de alfabetización.

En 1983: Manolita Marco y Pilar Figueras, dos maestras carismáticas del barrio de Juslibol, fueron las primeras.

En 1997: Matilde Sangüesa, la maestra del Arrabal. Y dos del barrio de Santa Isabel: Agustina Rodríguez, maestra, y Pilar Lapuente, profesora universitaria.

En 1999: Águeda Centenera, maestra de Garrapinillos.

En 2006: Pilar Cuartero, maestra, y Joaquina Zamora, profesora de instituto, en el Actur. Avelina Tovar, maestra, en Santa Isabel.

En 2007: Angela López, profesora universitaria, en el distrito de su Universidad.

En 2009: María Teresa Giral, maestra de Montañana, y María Sánchez Arbós, maestra, en un camino que lleva a Juslibol. Ese mismo año se cambió el nombre de una calle del Picarral por el de Sara Maynar, profesora de instituto.

En 2010: María Pilar Almenar, María Pilar Gea, maestras, en Movera.

En 2011: María Jesús Ibáñez, profesora universitaria, en unos jardines de la zona de la Expo.

ONCE MAESTRAS

Marco Monje, Doña Manolita. (Morata de Jiloca, 1913-Zaragoza, 1994). Era la mayor de los cuatro hijos de Florencio Marco y Petra Monje. Estudió Magisterio en el Colegio de Santa Ana de Zaragoza y comenzó su carrera profesional en Caspe. Desde los veintiún años hasta casi su jubilación estuvo de maestra en Juslibol, en la escuela “Juan Enrique Iranzo”. Alfabetizó a tres generaciones, realizó una gran labor social y dejó una profunda huella entre sus alumnas y en el barrio. Tres años antes de jubilarse se trasladó al grupo escolar “Santo Domingo”, en la calle Predicadores. En 1983 el Ayuntamiento le dedicó una de las calles más céntricas del barrio de Juslibol, que había sido solicitada por los vecinos para conservar su memoria.

Figueras Talamas, Pilar. (Zaragoza, 1908-1997). Era la segunda de los cuatro hijos de Domingo Figueras y de Lorenza Talamas. En 1930 acabó Magisterio en Zaragoza. Ejerció en Villanueva de Gállego, Lobera de Onsella, Letux y Alagón. En 1975 se jubiló en el grupo “Juan Enrique Iranzo” de Juslibol, donde había sido maestra y directora. En 1983 el Ayuntamiento le dedicó una calle que había sido solicitada por los vecinos para mantener vivo su recuerdo.

Centenera Gómez, Águeda. (Alovera, Guadalajara, 1902-Zaragoza, 1992). Estudió en Zaragoza, donde vivía con sus tíos: el canónigo Rafael Centenera y su hermana Isabel. Se casó con un empleado de la Confederación Hidrográfica del Ebro. En 1999, los vecinos de Garrapinillos le concedieron una calle para recordar su dedicación a las gentes del barrio.

Rodríguez Rodríguez, Agustina. (Quintana de Sanabria, Zamora, 1915-Barcelona, 2008). Hija Francisco y Encarnación, labradores, estudió magisterio en Zamora. Comenzó haciendo una sustitución en San Román de Sanabria, pero su vida profesional estuvo ligada a Aragón. Sus destinos fueron: Espés Alto, entonces conoció a su futuro marido, Alfredo Ruiz, también maestro, Riglos, Cerveruela, Peraltilla y el barrio de Santa Isabel de Zaragoza, donde estuvo en una escuela mixta con más de sesenta y tres alumnos desde 1948 hasta su jubilación en 1980. Daba repasos y clases de adultos. También preparaba a los alumnos que querían estudiar bachillerato y realizó muchas actividades culturales. A sus ochenta años escribió en ordenador unas memorias en las que da una visión del importante papel de la mujer y de las duras condiciones de vida en el primer cuarto del siglo XX. Pasó de ser una niña que estudiaba con candil a usar tecnologías modernas. Unos días antes de su muerte  se comunicaba por e-mail con sus antiguas alumnas. En 1997 la Comisión de Cultura del barrio de Santa Isabel propuso su nombre para una calle, por su gran labor pedagógica y social.

Sangüesa Castañosa, Matilde. (Zaragoza, 1910-1996). Conocida como la maestra del Arrabal. Pasó su infancia en Jaca y estudió Magisterio en Huesca. Fundó y dirigió su propia escuela privada, “Santa Teresita”, en la plaza de san Gregorio. Según uno de sus antiguos alumnos: “La escuela particular de doña Matilde fue muy popular en el barrio y, además, contó con muchos alumnos que venían desde otras partes de la ciudad. Comenzó a dar clases en su propia casa en tiempos de la guerra. Según la edad, cobraba 3 ó 5 pesetas mensuales. Cada alumno se llevaba su silla. Daban clase con ella dos maestras, también muy populares, Presentación Lanaspa y Pilarín Tovar”. En 1997, a título póstumo y gracias a las gestiones de sus ex-alumnos, se le concedió la medalla de Santa Isabel de Portugal y se puso su nombre a una calle del barrio, justo al lado de la Estación del Norte donde había trabajado su padre como ferroviario.

Cuartero Molinero, Pilar. (Tarazona, 1906-Zaragoza, 1995). Estudió Bachillerato y Magisterio en Zaragoza. En 1929 comenzó a dar clases en su domicilio y, dada la afluencia de alumnos, abrió un colegio privado. En el curso 1932-33 fundó el Colegio Femenino de la Sagrada Familia. Ese mismo año su tío, el sacerdote Salvador Labastida Povar, fundó el Colegio Central-Masculino. El colegio de la Sagrada Familia nació como un centro de preparación para la Escuela de Comercio, Bachillerato, Magisterio y la Academia General Militar. Estuvo ubicado, sucesivamente, en la calle Cuatro de Agosto, Casa Jiménez, Independencia, Sagasta y Bruno Solano. Después tuvo otros emplazamientos y actualmente está en la orilla del Canal Imperial. Pilar Cuartero recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio. El año 2006, el Ayuntamiento le dedicó un andador en el barrio del Actur.

Tovar y Andrade, Avelina. (Pontevedra, 1878-Huesca, 1973). Maestra, catedrática y directora de la Escuela Normal de Huesca. Se casó con Miguel Sánchez de Castro, periodista, maestro y profesor de la Normal. Los dos estuvieron ligados a la Institución Libre de Enseñanza. Acabó los estudios de Magisterio en 1901, y opositó a párvulos. Hasta 1906 ejerció de maestra en Galicia. En 1909, ingresó en el cuerpo de Profesoras Numerarias de Escuelas Normales en Castellón. En 1912 obtuvo una comisión de servicios, cuando la Escuela Normal Femenina de Huesca se trasladó de edificio. En 1915 estuvo en Segovia, de 1916 a 1929 de nuevo en Huesca, de 1929 a 1936 en Zaragoza y, finalmente, otra vez en Huesca hasta 1949, cuando se jubiló como catedrática de Geografía e Historia. Además, como diplomada en sordomudos y ciegos, trabajó con el Colegio de Madrid. Por su labor y por su dedicación al magisterio aragonés fue condecorada con el Lazo de la Cruz Roja y con la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio. Desde el año 2006 tiene dedicada una calle en el barrio de Santa Isabel

Giral Pérez, María Teresa. (Burgasé: Huesca, 1907-Barrio de Montañana, Zaragoza, 2003). El curso 1933-1934 estuvo en Ansó (Huesca). En 1934 fue destinada a Montañana donde ejerció hasta 1968. Ese año se trasladó Colegio Público “María Díaz” donde permaneció hasta su jubilación en 1973. Se casó con Lorenzo Oro, maestro del grupo “Venta del Olivar”. Tuvieron dos hijos: Luis Antonio, destacado científico aragonés a quien el Ayuntamiento le concedió la Medalla de Oro (2007) y le dedicó una calle (2009); y Luis Lorenzo, director de colegio “Tío Jorge”. El año 2009 los vecinos del barrio de Montañana quisieron honrar su memoria con el nombre de una de sus calles.

Sánchez Arbós, María. (Huesca, 1889-Madrid, 1976). Estudió Magisterio y Filosofía y Letras. Estuvo muy ligada a la Institución Libre de Enseñanza, colaboró con Menéndez Pidal y asistió a las clases que impartía María Goyri. En 1926 tomó posesión como profesora de la Escuela Normal de Huesca, puesto que abandonó en 1928 para volver a Madrid, donde aprobó unas oposiciones a la dirección de Grupos Escolares. Al final de la guerra fue encarcelada en Ventas, cárcel que dirigía con mano de hierro Carmen Castro, que había sido su alumna en la Escuela Normal de Huesca. Allí coincidió con el fusilamiento de “las trece rosas”, un grupo de trece jóvenes, entre los 18 y 29 años, la mayoría de ellas afiliadas a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). El 5 de agosto de 1939, las jóvenes fueron fusiladas en Madrid por el régimen franquista, acusadas de adhesión a la rebelión. Hoy su nombre preside una glorieta de un parque de Zaragoza. María fue excarcelada en diciembre de 1939. Dos años después fue absuelta por un tribunal militar, pero expulsada del Magisterio, aunque fue rehabilitada en 1952. El año 2009, su nombre sustituyó al del General Varela en una calle que comienza en el camino de Juslibol.

Almenar Bases, María Pilar. (Barrio de Santa Isabel, Zaragoza, 1953). Esta hija de Alejandro y Rosario, conocidos agricultores del barrio, fue alumna de Agustina Rodríguez, que desde 1997 también tiene dedicada una calle en el barrio. Después de los primeros destinos, desde 1982 hasta su jubilación, estuvo en Movera. Veinticinco años en el grupo “Pedro Orós”, cuyo huerto lleva su nombre, y después en “El Espartidero”, donde se jubiló el año 2013. Se especializó en Preescolar y realizó abundantes trabajos de Educación Infantil con María Pilar Gea García. El año 2010, a propuesta de los vecinos, la Alcaldía de Movera solicitó al Ayuntamiento de Zaragoza que dedicara sendas calles a dos de sus maestras: a María Pilar Almenar Bases y a María Pilar Gea García.

Gea García, María Pilar. (Zaragoza, 1953). Pasó su infancia en Ariño (Teruel) donde su madre, Isabel, era maestra y su padre, Aurelio, trabajaba de carpintero en SAMCA. Ejerció en varios pueblos de Teruel y obtuvo destino definitivo en la Escuela Mixta de Ariño. Desde 1978 hasta 2011, estuvo en Movera, en la escuela “Pedro Orós” de la que su marido, José Manuel Ontoria fue director veinticinco años. Una de sus hijas, María Pilar, estuvo de maestra de Ariño, como su madre y su abuela. La otra, Ana Isabel, es veterinaria. La ilusión por la enseñanza que María Pilar recibió de su madre la llevó a una entrega completa a sus alumnos. Se especializó en Preescolar y trabajó principalmente en Primer Ciclo de Primaria. Realizó actividades conjuntas con María Pilar Almenar Bases de Educación Infantil. El año 2010 se dio su nombre a una calle del barrio de Movera.

DOS PROFESORAS DE INSTITUTO

Zamora Sarrate, Joaquina. (Zaragoza, 1898-1999). Fue profesora de dibujo en el Instituto de Enseñanza Media de Zaragoza (1930), en la Escuela Superior de San Fernando (1931), en el colegio “Jesús y María” (1934-36), en Calatayud (1938) y en Tarazona (1950). En 1960 aprobó las oposiciones a cátedras de institutos técnicos. Estudió dibujo y pintura con Enrique Gregorio Rocasolano y se especializó en paisajes, bodegones y retratos. En 1924 obtuvo una beca de pintura de la Diputación Provincial de Zaragoza para estudiar en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando en Madrid. En 1919 participó en una exposición colectiva y en 1933 realizó su primera individual. En 1943 recibió el Primer Premio del Ayuntamiento de Zaragoza en la exposición-concurso “Rincones y jardines” y en 1944 el Primer Premio de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. En 1963 fue nombrada consejera del Centro de Estudios Turiasonenses. Desde el año 2006 tiene dedicada una calle en el Actur.

Sara Maynar

Sara Maynar, profesora del Instituto de Alcañiz

Maynar Escanilla, Sara. (Zaragoza, 1906-Burbáguena, Teruel, 1986). Fue la primera abogada de Zaragoza, una de las primeras de España y del mundo. Sara, una chica muy brillante, era la mayor de los cinco hijos de Manuel, un famoso abogado, y de Pilar. Estudió bachillerato en el Instituto Goya, se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras en Zaragoza. En 1930 comenzó a trabajar de abogada civilista en Zaragoza. Al acabar la Guerra Civil ejerció como profesora de Griego y de Lengua en los Institutos de Calatayud, Teruel y Alcañiz. Fue la primera directora del Instituto de Alcañiz y sirvió de modelo a las profesoras posteriores: después de ella hubo cuatro directoras en ese instituto. Cuando se jubiló, acabó su etapa de concejala del Ayuntamiento de Alcañiz y pasó unos años en Zaragoza. Al final de su vida vivió en Burbáguena con su hermana Raquel en el convento de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. El año 2009 la calle del Picarral que se llamaba Crucero de Baleares pasó a denominarse Sara Maynar.

TRES PROFESORAS DE UNIVERSIDAD

María Jesús IbáñezIbáñez Marcellán, María Jesús (Ateca, 1941-Zaragoza, 1985) Catedrática de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza. Su temprana muerte truncó una brillante carrera docente e investigadora. En 1960 estudio el bachillerato en el Colegio de Santa Ana y Filosofía y Letras en la facultad de Zaragoza. Completó su formación en varias universidades europeas. En 1984 obtuvo la cátedra de Geografía General Física de Zaragoza, donde desarrolló toda su labor docente. Sus trabajos de investigación son un referente en el campo de la Geomorfología y la época Cuaternaria. En 1991 la Asociación Española para Estudios del Cuaternario y la Asociación Española de Geomorfología crearon el premio M. ª Jesús Ibáñez para tesis doctorales sobre dichos temas. Desde el año 2011 lleva su nombre un jardín acuático entre el puente del Tercer Milenio y el Pabellón Puente.

Pilar Lapuente

Pilar Lapuente, profesora de Geológicas

Lapuente Mercadal, Pilar. (Zaragoza, 1959). Desde 1999 es Profesora Titular de Petrología y Geoquímica- Ha publicado numerosas obras y artículos científicos y tiene un reconocido prestigio nacional e internacional. Su infancia y juventud transcurrieron en el seno de una familia (“la de los esquiladores”) asentada en el entonces barrio rural de Santa Isabel. Estudió Geología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza y se doctoró en 1991. Disfrutó de una Beca Posdoctoral en diversas universidades de Inglaterra donde tuvo la oportunidad de especializarse en el campo de la Mineralogía y Geoquímica aplicadas al estudio del Patrimonio Histórico y Arqueológico. En Junio de 1994, presentó, en la XIV Sesión Científica de la Sociedad Española de Mineralogía, el trabajo “Estudio mineralógico y textural de ladrillos de tres monumentos mudéjares de Calatayud (Zaragoza)”, financiado por la Institución Fernando El Católico de la Diputación de Zaragoza. Por este estudio, desarrollado en la Universidad de Oxford con técnicas de datación por termoluminiscencia, le fue concedido el premio “Medalla Jóvenes investigadores” de la Sociedad Española de Mineralogía, como reconocimiento y estímulo por su aportación en el campo de la Mineralogía Aplicada. La divulgación del premio por los medios de comunicación locales motivó que en 1997 la Comisión de Cultura de Santa Isabel propusiera que le fuese concedido su nombre a una calle.

López Jiménez, Ángela. (Pamplona, 1945-Zaragoza, 2007). Profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Zaragoza, socióloga y feminista, Presidenta del Consejo Económico y Social de Aragón, miembro del Comité Internacional de Expertos para asesorar al Ayuntamiento en materia de innovación urbana y desarrollo de la sociedad de la información. Era licenciada en Sociología Urbana y del Desarrollo por la Universidad Católica de Lovaina y doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó numerosas publicaciones, entre otras: Zaragoza ciudad hablada, Memoria colectiva de las mujeres y los hombres, Arte y parte: jóvenes, cultura y compromiso. Presidió el club de opinión de mujeres La Sabina, perteneció al SIEM (Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer de la Universidad de Zaragoza). Desde el año 2007 tiene dedicada una calle en el distrito de la Universidad.

Para terminar

En realidad, lo de un callejero paritario es un poco irónico. Más que una consecución es una aspiración. En la preparación de la segunda edición de La Zaragoza de las mujeres. Callejero, las autoras hemos constatado que los datos no son alentadores.

De las 3.230 calles de nuestra ciudad, 1.234 llevan nombres propios de varón y sólo 189 están dedicadas a mujeres de carne y hueso. Además, hay 40 dedicadas a santas y 142 a otro tipo de mujeres: reinas, princesas, nombres de películas, cuadros de Goya… Si este es el resultado de una ciudad que ha apostado por la presencia de las mujeres, ¿qué pasará en otras ciudades?

La presencia de estas profesoras nos suscita los nombres de otras muchas que también tuvieron, y tienen, méritos para dar nombre a una calle. Me gustaría que este artículo os sirviera de acicate. Que os animarais a buscar nombres de mujeres con méritos suficientes para denominar las calles de vuestras ciudades y que los propusierais a los ayuntamientos. La conquista de las placas de los espacios públicos es todavía una de nuestras asignaturas pendientes.

Carmen Romeo Pemán

Fuente documental. Romeo Pemán, Carmen (dir), Álvarez Roche, Gloria, Baselga Mantecón, Cristina, Gaudó Gaudó, Concha (2011): Callejero. La Zaragoza de las mujeres. Ayuntamiento de Zaragoza.

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Imagen principal. Agustina Rodríguez, del archivo de la familia Ruiz-Rodríguez.

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En la sala de los tapices de la Seo de Zaragoza

Una noticia que revolucionó las Altas Cinco Villas.

Don José Iriarte, canónigo penitenciario de Zaragoza, era natural de Biel (Zaragoza) y don Felipe Sánchez estaba de maestro de El Frago, un pueblo vecino.

Salvadora, menos mal que nos tenemos para poder hablar entre nosotras, que, si no, sería muy dura esta vida de sirvientas diciendo amén, amén a nuestros amos. ¿Qué haría sin ti y con don José recién enterrado?

Ya te decía que aquel asunto nos seguiría trayendo desgracias. La culpa la tuvieron aquellas habladurías de que don José protegía a un sobrino que no llevaba buenos pasos. Y claro, esos chismes tenían que llegar hasta el obispo, que encima se los creyó. ¡Mira que quitarle al pobre la canonjía y mandarlo al destierro! Y eso de que llevara una vida discreta y se dejara ver poco se lo tendría que haber dicho al sobrino, digo yo. En fin, que fue un mazazo para un hombre de su talla.

Y créete lo que te diga yo. Antes de que se desataran la lenguas, buena culpa tuvo don Felipe, que sin ningún miramiento se plantó en la puerta de la casa y le pidió que le ayudara a meter a su hijo en el Seminario. ¡Claro, como era el maestro de El Frago estaba seguro que don José le atendería su ruego! Y yo que no lo había visto nunca ni sabía cómo era no lo dejaba entrar. Pero me insistió mucho. Me dijo que era un pariente cercano y que sus familias vivían en pueblos vecinos. Al final lo pasé al cuarto de estar, los dejé hablando y me quedé escuchando detrás de la puerta.

—Échale una mano, José, que no te arrepentirás —le decía con voz lastimera—. Ya verás cómo mi Mariano será un buen cura y presumirá de ser tu sobrino. —Se acercó un poco y subió el tono—. Eres el orgullo de toda la familia. Muy pocos tienen el honor de tener un tío que sea canónigo penitenciario.

A mí no me gustaron aquellas zalamerías de don Felipe. Si no, mira con qué nos ha salido su hijo.

El tiempo me ha dado la razón. Don José estuvo muy alterado los últimos meses, sobre todo, cada vez que recibía visitas de su sobrino, Algunas veces hasta los oía pelearse. Después don José andaba con un humor de perros y no quería probar bocado. Hasta el punto de que la semana pasada, de un manotazo, me tiró una bandeja de plata con una jícara de chocolate humeante y unos churros recién hechos.

Que tuviste que oír el ruido, Salvadora, que vuestro comedor está pared con pared con el nuestro. Y no me digas que no oíste mis gritos. Es que me pudieron los nervios y no tuve más remedio que contestarle.

—Pero bueno, don José, ¿a qué vienen estos modales? ¡Si usted nunca me había perdido el respeto!

Salvadora, tú y yo sabemos que estaba fuera de sus casillas desde que se había hecho público el caso del Mariano. Era normal que le afectara. A fin y al cabo era su sobrino protegido. Pero no me pude contener. Y él, sorprendido de que le levantara la voz, me contestó como un niño al que coges con las manos en la masa.

—Perdona, pero es que he visto esta bola de papel amarillento y he curioseado.

—Don José, usted nunca se había atrevido a revolver mi cestillo de costura.

Es que sabes, sin que él se enterara, había hecho un rebujo con la página de El Imparcial y lo había escondido entre los ovillos. Yo sabía que a él no le gustaba ese periódico de tufillo liberal, que se regodeaba en los asuntos anticlericales. Y, mira, ¡qué casualidad!, en un descuido me dejé el costurero abierto.

Bueno, el caso es que, cuando lo vi con la bola de papel en las manos, me puse tan nerviosa que le solté una parrafada sin respirar.

—Mire, don José, que yo entiendo tenga miedo a lo que diga la prensa, pero tiene motivos para estar tranquilo. Si alguien creyera que usted tiene algo que ver con el asesinato, con esta noticia lo desmentiríamos. Si habla de usted como una persona de gran cultura y solo dice que don Mariano Sánchez era sobrino del canónigo penitenciario de la Seo de Zaragoza.

Don José se me quedó mirando sin decir nada. Y yo, aprovechando que tenía la palabra, continué.

—A mí me parece que, cuando usted vio los titulares, le entró tal soponcio que ya no leyó más. —Entonces cogí más aliento—. Así que ahora, quiera o no quiera, se la voy a leer entera, aunque sea a trompicones, porque a mí eso de la lectura no se me da bien.

El Imparcial. Madrid, 3 de agosto de 1900. Doble asesinato en la Sala de los Tapices de la Catedral de la Seo de Zaragoza. La prensa de Zaragoza trae los detalles de uno de los crímenes más espeluznantes que se recuerdan.

El criminal. Don Mariano Sánchez, sacerdote, natural de El Frago, había cursado Magisterio. Más tarde estudió en el Seminario de Zaragoza, donde llegó a secretario del Cabildo. Es hijo de don Felipe Sánchez, maestro de El Frago, y sobrino de don José Iriarte, natural de Biel y canónigo penitenciario de Zaragoza, persona de gran virtud y mucha ilustración.

Las víctimas. Josefa Salas, de veintisiete años, natural de El Frago, y su hija de tres meses, sin registrar ni bautizar. Mariano Sánchez les pasaba una pensión mensual de treinta pesetas. Josefa la completaba confeccionando blondas. El juzgado encontró un marco de plata con un retrato del sacerdote en la mesilla de Josefa.

La autopsia. El médico forense tuvo que trasladar los cadáveres al aire libre, por el insoportable hedor que exhalaban, dada su avanzada descomposición. Tenían las piernas cruzadas y los tobillos atados. La muerte se produjo por estrangulación. Cada uno llevaba alrededor del cuello siete vueltas de un cordel de seda dorado, procedente del tapiz de la “Degollación de los Inocentes”. El criminal metió los dos cuerpos en un saco y lo escondió en la sala de los tapices de la Catedral, detrás del tapiz de la “Decapitación de Holofernes”.

Salvadora, no quieras saber la cara que ponía y cómo se sujetaba la oreja con la mano para que no se le perdiera ni una palabra. Así que, ya puesta, y como lo vi más tranquilo, me atreví a acabar de decirle todo lo que pensaba.

—Lo que yo digo, don José, este crimen me produce náuseas. ¡Mire que descubrir los cadáveres por la pestilencia! Al principio pensaron que el tufo venía de las cloacas que bajan al Ebro. ¡Qué zopencos! No se puede llegar a más, confundir el olor de cloaca con el de cadaverina.

Mientras le echaba esta perorata, no le quitaba ojo de encima. De repente vi cómo empezaba a farfullar y a temblar. Por la boca echaba unos borbotones de espuma, como los de los endemoniados de Santa Orosia cuando él los rociaba con agua bendita. Entre sus balbuceos oí algo como cobarde. Y no me extrañó porque siempre pensé que don José se sentía avergonzado de haber metido a Mariano en el Seminario.

Cuando lo vi caer al suelo, me entraron escalofríos y me quedé como alelada, pensando en aquellas gentes de El Frago y en el pobre don José.

Masacre inocentes. 2

León Cogniet, Masacre de los Inocentes, (1824). Museo de Bellas Artes, Rennes (Francia)

Este es un relato ficticio, inspirado en personas reales y en los hechos que se publicaron en El Imparcial de Madrid, el día tres de agosto de 1900.

Todos los personajes, nombres, biografías, hechos, documentos y diálogos se han utilizado de manera ficticia o son producto de la imaginación de la autora.

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal: Catedral de San Salvador de Zaragoza, conocida popularmente como La Seo.

 

Primeras doctoras de Ciencias de España. Las tres alumnas de Zaragoza que rompieron el techo de cristal

Del 19 de octubre al 17 de noviembre la Universidad de Zaragoza rindió un homenaje a las tres primeras doctoras en Ciencias en España: Ángela García de la Puerta, Jenara Vicenta Arnal Yarza y María Antonia Zorraquino Zorraquino, brillantes alumnas de Universidad de Zaragoza que defendieron sus tesis doctorales entre los años 1929 y 1930.

Del acto se ocuparon varios periódicos nacionales y regionales, entre otros el Heraldo de Aragón en los artículos La Facultad de Ciencias de Zaragoza homenajea a las primeras doctoras en España y Pioneras en las Ciencias desde las aulas de Zaragoza.

Este homenaje fue un detonante importante para conocer a las que nos abrieron caminos y para investigar sobre el papel de las mujeres en la Ciencia. Es un tópico decir que el género ha sido un obstáculo importante para acceder a la Ciencia y para hacer Ciencia, pero los comienzos fueron así. Y los obstáculos continúan.

Las llamamos pioneras porque fueron las primeras, pocas y singulares. Por su  esfuerzo incalculable para abrirse un hueco en los estudios científicos, cuando estudiar e investigar estaba pensado solo para los hombres.

Con su excepcional inteligencia, con su gran capacidad de trabajo y con su brillante trayectoria académica e investigadora, consiguieron una posición destacada en la investigación de la Química.

Angela G. de la Puerta y Jenara Arnal

Ángela García de la Puerta (1903-1992) y Jenara Vicenta Arnal Yarza (1902-1959)

Las primeras licenciadas en Químicas

Los estudios de Ciencias en la Universidad de Zaragoza comenzaron en 1874, pero hasta 1915 no hemos encontrado ninguna chica. Las primeras licenciadas en Ciencias estudiaron Ciencias Químicas.

Donaciana Cano Iriarte, de la promoción 41, cursó la carrera entre 1915 y 1919.

Isabel León Pueyo, natural de Valladolid, estudió en Zaragoza entre 1918 y 1922.

María del Carmen Estremiana Antolín, natural de Logroño, se licenció en 1923.

Ángela García de la Puerta acabó en 1926 y en 1928 se convirtió en la primera doctora en Ciencias Químicas y en la primera catedrática de Física y Química.

Jenara Vicenta Arnal, era del curso de Ángela García de la Puerta, pero se doctoró y aprobó las oposiciones de cátedras en 1930.

María Antonia Zorraquino Zorraquino, se licenció en 1925 y en 1930 leyó su tesis en Bioquímica.

Las tres primeras doctoras en Químicas en España

ÁNGELA GARCÍA DE LA PUERTA (Soria, 26 de diciembre de 1903-Zaragoza, abril, 1992)

Angela G. de la Puerta. 4

 

Su padre era Maestro Nacional y ella cursó los estudios primarios en las escuelas graduadas. Estudió bachillerato en Soria, con premio extraordinario, y en 1922 acabó los estudios de Maestra Superior en la Escuela de Maestras de Soria. Después se trasladó a Zaragoza a estudiar Ciencias Químicas. En 1926 se licenció con premio extraordinario. En Zaragoza realizó la tesis doctoral Contribución al estudio de los potenciales de oxidación, dirigida por el profesor A. Ríus, catedrático de Química Analítica y, como muchos de sus compañeros, la defendió en Madrid en 1928.

Por la excepcionalidad de su carácter y de su expediente, recibió numerosos homenajes. Uno de ellos, en 1928, junto con Jenara Arnal, por su nombramiento como profesoras auxiliares de la Facultad, en el Casino de Zaragoza. Ese mismo año el Ayuntamiento de Soria le rindió un homenaje por su cátedra. El rector de la Universidad de Zaragoza le impuso la medalla de catedrática y glosó sus extraordinarios méritos.

Ejerció en los institutos de Ciudad Real y en el femenino de Madrid. En septiembre de 1932, se trasladó al recién creado Instituto Miguel Servet de Zaragoza, donde permaneció hasta su jubilación en 1973. El mismo año que se incorporó la nombraron secretaria y, desde 1936 hasta 1942, fue directora. Así se convirtió en una de las primeras directoras de instituto de España y la única del Instituto Miguel Servet, hasta que en el año 2.000 fue elegida Marina Sanz.

Se casó con el soriano Agustín Alfaro, un ingeniero agrónomo que investigaba en la Fitopatología Agrícola para acabar con las hambrunas del campo español.

La profesora García de la Puerta también destacó por su importante tarea investigadora. Entre 1926 y 1928, cuando era ayudante de clases prácticas y auxiliar de Química Analítica, trabajó en los Laboratorios de Química Teórica y Electroquímica de la Facultad de Ciencias y en el  Laboratorio de Electroquímica de la Escuela Industrial de Zaragoza.

Entre 1930 y 1931 realizó investigaciones en el Laboratorio de Electroquímica de la Escuela Superior del Trabajo.

En 1932 solicitó una beca de la JAE para trabajar en la Technische Hochschule de Dresde sobre Electroquímica, con el profesor Müller.

JENARA VICENTA ARNAL YARZA (Zaragoza, 10 de septiembre de1902-Madrid, 27 de mayo de 1959).

Jenara Arnal. 1

Era hija de un jornalero. En 1921 obtuvo el título de Magisterio. En 1923 terminó el bachillerato en el Instituto Goya de Zaragoza. Continuó los estudios en la Universidad de Zaragoza y en 1926 acabó la Licenciatura en Ciencias Químicas con sobresaliente.

El día 6 de septiembre de 1929, defendió con gran brillantez su tesis, Estudio potenciométrico del ácido hipocloroso y de sus sales, y se convirtió en la segunda doctora en Ciencias Químicas de España. En 1930 le concedieron el premio extraordinario de doctorado. Fue compañera de Ángela García de la Puerta, a quien le dedicó la fotografía con que ilustramos esta biografía. Las dos amigas tenían un currículum parecido y compartieron estudios, investigaciones, publicaciones y homenajes.

Desde 1926 fue ayudante y auxiliar de Química Inorgánica y Ampliación de Física de la Facultad de Ciencias de Zaragoza.

En 1930 aprobó las oposiciones a Cátedras de Física y Química, en las que obtuvo una plaza en el recién creado Instituto de Calatayud (Zaragoza). A continuación solicitó puestos interinos en varios institutitos: en el Instituto Infanta María Cristina de Barcelona, en el de Bilbao y en el Velázquez de Madrid. En este último, desde 1932 hasta 1936.

Estando en Velázquez estalló la Guerra Civil y la dejaron sin funciones docentes hasta septiembre de 1937. Doña Jenara, desde Zaragoza, solicitaba la rehabilitación en su cargo. Pero no lo conseguía porque la Comisión de Depuración estaba investigando su conducta y las actividades que había realizado desde julio de 1936.

En noviembre de 1937, la Delegación de Orden Público de Zaragoza decía en un informe que la profesora Arnal gozaba de la protección del diputado de Izquierda Republicana, Honorato de Castro, y que sus actividades habían sido dudosas durante su estancia en Madrid. Ella negó todas las acusaciones.

En su defensa, contó con los informes favorables de Gonzalo Calamita, profesor de Químicas y rector de la Universidad de Zaragoza, y de Miguel Allué Salvador, catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Goya de Zaragoza y presidente de la Diputación. Los dos habían sido profesores de Jenara Arnal y, en ese momento,  los dos eran miembros de las Comisiones de Depuración de docentes.

El 5 de noviembre de 1940 la Comisión de Depuración de Madrid proponía su readmisión, sin imposición de sanción, como catedrática del Instituto Beatriz Galindo de Madrid, donde fue vicedirectora y directora y ejerció hasta su muerte.

En 1930 había estado pensionada por la Junta para la Ampliación de estudios en Alemania y en Basilea (Suiza), en el Instituto de Química Inorgánica, dirigido por el profesor Fichter. Allí orientó su trabajo a la investigación científica en Físico-Química y Electroquímica. Visitó distintos centros de enseñanza de Suiza, Francia, Bélgica, Inglaterra y Holanda.

En 1947, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas le concedió una pensión para viajar a Japón y a otros países del Extremo Oriente como delegada de la sección de Intercambios Internacionales.

Revistas españolas y extranjeras se hicieron eco de muchos de sus trabajos de investigación y de sus experiencias pedagógicas. Publicó también algunos manuales de Física y Química. Y tradujo del alemán la Historia de la Química de Bauer y la Historia de la Física de Kistner.

MARÍA ANTONIA ZORRAQUINO ZORRAQUINO (Zaragoza 29 de marzo de 1904-22 de noviembre de 1993)

Antonia Zorraquino. 2

Era hija de un destacado industrial zaragozano, propietario de una conocida fábrica de chocolates. Cursó los estudios primarios, y parte de los secundarios, en colegios privados. En 1921, junto con María Buj Luna y Margarita Palomar, acabó el Bachillerato como alumna oficial del Instituto General y Técnico de Zaragoza, actual Instituto Goya. Esta destacada alumna, aficionada al estudio, decidió continuar con su formación universitaria.

En una visita al laboratorio del doctor Antonio de Gregorio Rocasolano, amigo de su padre, tuvo ocasión de mirar a través del microscopio: “Me causó una impresión enorme ver todo aquel mundo inapreciable a simple vista. La cantidad de partículas que se movían. Era emocionante. A partir de ahí decidí estudiar Químicas”.

Cusó los estudios desde 1921 hasta 1925, en la promoción 47. Era la única chica en un curso de veinticuatro alumnos. Acabó la licenciatura, realizó la tesis doctoral en Zaragoza, dirigida por el doctor don Antonio Gregorio Rocasolano, sobre Investigaciones sobre estabilidad y carga eléctrica de los coloides, y la defendió en Madrid en 1930.

Su formación académica y el interés de sus trabajos de investigación hacían suponer que iba a desarrollar una brillante carrera profesional: “Me hubiera encantado, pero mi marido no me dejó. En aquella época el trabajo de la mujer fuera de casa suponía un menoscabo para el hombre”.

María Antonia Marín Zorraquino

María Antonia Marín Zorraquino

Se había casado con Juan Martín Sauras, catedrático de Química Inorgánica destinado en Santiago de Compostela que, en 1936, volvió a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. En esa misma universidad, su hija, María Antonia Martín Zorraquino, catedrática de Lengua Española en el departamento de Lingüística General e Hispánica, realizaría la brillante carrera que no pudo hacer su madre.

Principales fuentes de información

Prácticamente todo lo que sabemos sobre estas científicas se lo debemos a cinco catedráticas de dos institutos de Zaragoza: Cristina Baselga Mantecón, Piluca Fernández Llamas, Concha Gaudó Gaudó e Inocencia Torres Martínez, mis compañeras del Instituto Goya. Y a Carmen Magallón Portolés, del Instituto Avempace, cuya tesis doctoral, en 1996, trató sobre las pioneras españolas en las ciencias.

Piluca Fernández Llamas, catedrática de Matemáticas,  es un ejemplo vivo de pionera en las genealogías femeninas. En 1980, el Ministerio de Asuntos Sociales le subvencionó su estudio Mujeres en la Ciencia. A finales de los ochenta, rastreó los archivos del Instituto Goya con sus alumnos buscando a las primeras alumnas, cuando el Goya era mixto por primera vez. En 1990, su estudio, Influye el sexo en las elecciones académicas (Tercer premio de Investigación Educativa), fue una revelación. En 1996, organizó un exitoso homenaje a las primeras alumnas del Goya.

Carmen Magallón Portolés, catedrática de Física y Química, biografió a estas tres científicas en Pioneras españolas en las ciencias. Las mujeres del Instituto nacional de Física y Química, publicado en 1998 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Este libro sacó a la luz las aportaciones de las mujeres a las ciencias físico-químicas en España en el primer tercio del siglo XX.

Cristina Baselga Mantecón, catedrática de Inglés, Piluca Fernández Llamas, catedrática de Matemáticas, Concha Gaudó Gaudó, catedrática de Historia, e Inocencia Torres Martínez, catedrática de Filosofía, completaron las biografías de estas científicas con datos de archivos y entrevistas personales, en la exposición Pioneras de la educación en Aragón. Y ampliaron el contexto y las biografías en el artículo Pioneras en la educación secundaria en Aragón: “Las primeras bachilleres, las primeras profesoras y las primeras directoras de Instituto en Zaragoza”

María Ángeles Delgado Martínez y José Damián López Martínez, en 2004, aportaron muchos datos de interés con su estudio De analfabetas científicas a catedráticas de Física y Química de Instituto de España: el esfuerzo de un grupo de mujeres para alcanzar un reconocimiento profesional y científico.

Para terminar

Con este artículo quiero reconocer y divulgar el mérito de las mujeres que han conseguido sobresalir luchando a contracorriente.

Me gustaría contribuir a que nuestras pioneras fueran un modelo a las nuevas generaciones. Y me consideraría muy afortunada si mis palabras sirvieran de estímulo para que otras sigan sus pasos. Aquellas mujeres sabían que estaban abriendo un camino, porque experimentaron en sus propias carnes las dificultades que les ponía un sistema educativo concebido solo para los hombres. Hoy no hemos acabado de recorrerlo y los obstáculos, aunque de nuevo signo, siguen siendo los mismos.

Antes de acabar, quiero dar las gracias a mis compañeras por haber abierto este camino en la investigación feminista. Con su esfuerzo y con sus publicaciones mis líneas se han visto muy enriquecidas.

Carmen Romeo Pemán

Tríptico por detrás

Nueva maestra para El Frago

De las fragolinas de mis ayeres

Simona llegó sudorosa al salón de la Normal donde se estaban eligiendo las plazas.

—¿Adónde va usted, señorita? Ya ha comenzado el reparto y no se puede interrumpir. –Los botones dorados brillaban sobre el azul impecable del uniforme del ujier y su potente voz paralizaba a los jóvenes opositores.

— Es que, mire usted, vengo desde Zaragoza en el Canfranero. ¿Qué le voy a contar que usted no sepa? Hoy ha llegado con más retraso del habitual. Se lo pido, por favor, ¡déjeme pasar! ¡Me va la vida en esto! Además, como estoy al final de la lista, seguro que aún no me ha tocado el turno. –Mientras hablaba, Simona le enseñó su cédula de identificación personal para convencerlo de que su apellido era de los últimos.

—¡Ande, pase! ¡Ah! Y si le preguntan, dígale al presidente que se ha colado sin mi permiso. Que yo no la he visto, ¿estamos?

Sus pasos resonaron en el silencio del anfiteatro y, cuando se volvieron las cabezas de los más de treinta opositores, notó que le ardían las mejillas. Avanzó hasta la última fila, se sentó en la esquina de un banco y se recogió la falda debajo de las rodillas. Aún no se había acomodado cuando oyó su nombre.

—¡Presente! ––dijo con una voz entrecortada que apenas le salía de la garganta.

—Como llegue al pueblo con esa falta de autoridad, pronto será el hazmerreír de todo el mundo. Sepa que en un pueblo hay que entrar pisando fuerte. —El ambiente se inundó de carcajadas nerviosas. Y, tras una pausa para recuperar el silencio, el presidente continuó: Simona Uhalte. Destino definitivo: El Frago.

195650107. El Frago

El Frago, 1965. Foto: Carmen Romeo Pemán

Aún no había amanecido, cuando Lorenzo reconoció a Simona, que andaba un poco perdida por el andén de la estación de Ayerbe. La maestra se paseaba mirando a un lado y a otro entre los pasajeros que acababan de bajar del tren de Zaragoza

—¿Usted, no será la nueva maestra de El Frago?

—Sí, la misma. Entonces, ¿usted es Lorenzo, el mozo que me iba a mandar el alcalde?

—Lorenzo Luna, para servirla —y se inclinó a coger los bultos que Simona había dejado en el suelo–. Si no le importa, pu-puede seguirme, que tengo la ye-yegua atada en un árbol cercano.

Siempre que tenía que dar conversación a viajeros nuevos, se le acentuaba la tartamudez.

Lorenzo dobló la rodilla en forma de escalera y la ayudó subir a la silla. Antes de coger el desvío del camino, ya la vio cabecear, como les pasaba a todas esas señoritas poco acostumbradas a los madrugones. Por eso la había atado bien, que no quería sustos.

Cuando llegaron al recodo de las Eras del Palomar, apareció el pueblo encaramado en una roca y presidido por un gran ábside románico. Lorenzo sabía que allí estarían el alcalde y la gente que habría salido a esperarlos. Achicó los ojos, pero no pudo distinguir a nadie. Con el contraluz sus figuras se recortaban en el horizonte y se confundían con las siluetas de los pinos que llegaban hasta la iglesia. Entonces se volvió a Simona. La cabeza le colgaba hacia un lado, pero las manos sujetaban con fuerza el ronzal.

—Oiga, señorita, despierte, que ya estamos llegando.

No entendía cómo había cogido semejante sueño sentada encima de una yegua que iba dando traspiés en las piedras del camino. De las cuatro horas de viaje, llevaba dos con los ojos cerrados, como desmayada.

—Perdone que no le haya servido de compañía. Es que, como el tren iba lleno, he tenido que venir de pie todo el tiempo y he llegado hecha polvo.

—No, no se pre-preocupe —Lorenzo se puso rojo. No esperaba que una maestra le pidiera disculpas.

Simona que, más que durmiendo, había ido haciendo un balance de su vida, no sabía muy bien adónde la llevaba su tozudez por enseñar. Cuando Lorenzo le señaló el ábside de la iglesia, pensó en la parroquia de san Pablo y sintió una punzada en la boca del estómago. En sus oídos todavía resonaban los gritos de los tenderos mezclados con el tañido de las campanas. Acostumbrada al bullicio de la ciudad, no sabía cómo soportaría el silencio del pueblo. ¡Por nada del mundo querría volver a vivir con su tío! Aquí nadie se atrevería a gritarle ni a darle órdenes. Y no pensaba abandonar los zapatos de tacón, ni las medias con costura, ni las faldas de tubo. En la maleta traía polvos de colorete, bigudíes y unas tenacillas para arreglarse el pelo. En el bolso, se había guardado unas cuartillas y unos sobres ara ponerse a escribir en cuanto se acomodara en la posada.

Mientras Lorenzo la desataba y la ayudaba a descabalgar, se le acercó un hombre que vestía calzones y llevaba una vara en la mano.

—¡Buenas, señora maestra! Yo soy el alcalde. Aquí me tiene para todo lo que usted necesite, siempre que yo lo considere bueno para el pueblo, claro está. Que por algo soy aquí el representante de la autoridad.

A Simona le sudaron las manos. De repente había notado que el alcalde la miraba como solía hacerlo su tío, el canónigo de la Seo de Zaragoza.

Carmen Romeo Pemán

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Imagen destacada. El Frago desde el Coto Escolar, 1945. Foto de Gregorio Romeo Berges.

2911. Torre y pajar

El Frago. Pajar y era de Melchor, donde recibieron a la nueva maestra. Detrás, iglesia, torre y las escuelas por la parte trasera. Foto: Carmen Romeo Pemán.

CARMEN GARCÍA ROYO, IN MEMORIAM

REMONTANDO… a ras del suelo, apenas el volumen de una hormiga.

Remontando… tras unos días como si no existieras pero la búsqueda de una brizna de bienestar o los restos de un maná que te devolverán tu ser te hace revivir por un rato.

Remontando… porque los que me rodean me llevan entre sus alas ante los desperfectos de las mías.

Remontando… porque allá en el fondo tienes un espíritu de supervivencia, que no sabes de donde sale, pero que te pone en el disparadero de a ver quién puede más: él o tú.

Remontando… porque en este sinvivir arrastrándote, sabes que también hay gente en la distancia en ese duro caminar.

Remontamos… porque tenemos las ilusiones adheridas a nuestra piel día a día y esperan de nosotros ese saber estar por encima de las miserias humanas.

Remontamos… porque nunca debemos dejar de soñar, aunque bien sepamos que es una utopía.

Carmen García Royo, “El hilo de tender”, el 1 de julio de 2017. Etiquetas: cáncer, imágenes.

Hilo de tender

Carmen, Elvira y Teresa, las tres hermanas GARCÍA ROYO, fueron, y siguen siendo, un referente importante de mi etapa de profesora.

Carmen fue una de mis primeras alumnas del Colegio Universitario, una de mis compañeras de WILPF ESPAÑA, una de mis mejores amigas y una de las grandes personas que he conocido.

El día 28 de julio de 2017, se nos fue por una senda clara y nos dejó un grato recuerdo, una huella imborrable y un “hilo de tender” con el que ella había construido delicados tapices.

Conocí a Carmen en el año 1972. Estaba ejerciendo de maestra y se matriculó en el nocturno de Filosofía y Letras del Colegio Universitario, donde yo acababa de incorporarme como profesora al Departamento de Literatura. Los primeros días noté que llegaba con mucho deseo de saber y de abrir su mundo a nuevas corrientes de acción y de pensamiento. Al poco tiempo se me reveló como una persona defensora de la paz, la libertad, la justicia social y los derechos de la mujer. Descubrí que nos contagiaba a todos su vitalidad y entusiasmo.

En su blog, “El hilo de tender”, hace realidad aquellos anhelos iniciales y su pasión por la lectura y por la escritura, que nunca la abandonaron. Allí encontraréis la sensibilidad y la verdad profunda de lo que era Carmen. Y la energía y el coraje con los que se enfrentó a la enfermedad que se la llevó.

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Hace unos días llegó a mis manos un artículo “Es difícil encontrar…”, del Diario de Teruel, donde se rinde homenaje y se recoge la trayectoria vital de Carmen. Y no puedo por menos que parafrasear y ampliar algunas frases que sintetizan, mejor de lo que podría hacerlo yo, la huella que Carmen dejo entre todos los que la conocimos.

Es difícil encontrar pacientes que se enfrenten con entereza y valentía a su enfermedad como lo hizo Carmen García Royo.

Es difícil encontrar a una persona que ordene por escrito que el dinero de las flores de su funeral se entregara la “Asociación contra el Cáncer”.

Es difícil encontrar una profesora tan comprometida con sus alumnos y que haya dejado una profunda huella en todos sus destinos: Portalrubio, Fuentes Claras, Monreal del Campo y el Instituto de Teruel, “Segundo de Chomón”.

Es difícil encontrar una docente tan entregada a la formación crítica de sus alumnos. Carmen educaba en valores: la paz, la igualdad de género y la igualdad entre las personas, la defensa de la democracia, la solidaridad con los desfavorecidos.

Es difícil encontrar a una turolense tan activa y tan participativa en los actos culturales de su ciudad: era miembro del club de lectura de la UNED y de la coordinadora de “Teruel existe”.

Es difícil encontrar una persona que reúna tan altas condiciones humanas e intelectuales como mi alumna Carmen García Royo.

Si la vida es un laberinto de senderos que confluyen, Carmen confluyó, e influyó, en mi vida. Y se quedará para siempre en mi recuerdo, en mis sueños y en mi ilusión, porque la amé y la sigo amando. Con estas líneas le he querido dejar mi pequeño homenaje para que los que la conocisteis la sigáis amando. Y para que los que no la conocisteis aprendáis a hacerlo y que este artículo os lleve a su obra.

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El día 16 de octubre de 2017, en el blog “El hilo de tender”, su hermana Elvira publicó la carta de condolencia que yo le mandé en nombre de WILPF (Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad).

Desde WILPF, a la que ella se sentía muy orgullosa de pertenecer, sus compañeras queremos resaltar su compromiso con el feminismo pacifista y manifestar que las organizaciones se engrandecen cuando cuentan con miembros como Carmen García Royo.

La respuesta de Elvira, emocionante y emotiva, destaca el compromiso de su hermana con los movimientos sociales, es especial, con la defensa de la paz y de los derechos ce las mujeres.

Enviado: martes, 17 de octubre de 2017 17:39

Para: Coordinación WILPF

Asunto: Agradecimiento por la carta de condolencia

Estimada Carmen Magallón: hace unos días recibí la carta de condolencia que en nombre de WILPF escribió Carmen Romeo Pemán, con motivo del fallecimiento de mi hermana Carmen.

En primer lugar muchas gracias, pues os agradezco un montón que hayáis querido acompañarnos en estos momentos que han sido y son duros y dolorosos.

Mi agradecimiento aún es mayor al ver que la encargada de escribir la carta ha sido Carmen Romeo, una de las mejores profesoras, si no la mejor, que mis hermanas y yo hemos tenido y con quien además nos unen lazos de afecto y amistad.

Mi hermana Carmen ha sido una persona defensora de la paz, la libertad y la justicia social y ha luchado siempre por los derechos de la mujer, habiéndolo demostrado tanto en su profesión como profesora como en su vida personal, difícilmente separables. Por ello, pertenecer a WILPF fue una consecuencia lógica en su línea de actuación y pensamiento.

Carmen Romeo dice que WILPF se siente orgullosa de haber tenido entre sus miembros a una persona como mi hermana Carmen. Yo sólo puedo añadir que yo también me siento afortunada y orgullosa de ser la hermana de Carmen García Royo, una gran mujer luchadora hasta el final.

De nuevo te doy las gracias que me gustaría que hicieras extensivas a todas las integrantes de WILPF, algunas de las cuales ya manifestaron su sentimiento por medio de whatsapp el día del fallecimiento de mi hermana.

Un abrazo,

Elvira García Royo

Carmen Romeo Pemán

C. García Royo. 2

Y SE LO COMIÓ EL TABARDILLO

En la noche de ánimas.

De la tradición fragolina, en las Altas Cinco Villas.

Acababan de dar las doce en el reloj de la torre, cuando unos aldabonazos, que casi echaban la puerta abajo, me hicieron saltar de la cama. Como era el tiempo de las heladas, me había acostado con calzoncillos marianos y camiseta de felpa. Cogí el tapabocas que guardaba en una silla de enea, me lo eché por los hombros y bajé las escaleras con cuidado para que los crujidos de la madera carcomida no despertaran a los huéspedes. Dejé el candil en el suelo y quité la tranca con las dos manos. El golpe del vendaval abrió la puerta y me dejó a oscuras.

A través de los carámbanos, la luna iluminaba una silueta apoyada en el quicio. Me costó reconocer a Eustaquio, un tratante de carbón vegetal que solía hospedarse aquí. Llevaba unas greñas que le tapaban la cara y tenía los brazos cruzados delante de la boca del estómago, como si quisiera atemperar los temblores que lo sacudían.

—¿Qué horas son estas, señor Eustaquio?

—Ya ve, desde que salí de aquí, y ya va para dos semanas, no pude pasar del puente de Cervera. Y eso que está a menos de una legua.

—La verdad, pensábamos que ya estaba usted en otros pueblos.

—Cada vez que intentaba ponerme en camino, una gran desazón me corroía por dentro y el dolor de cabeza me taladraba los sesos. —Sin acabar la frase, vomitó un líquido verduzco que me salpicó en las abarcas.

—Pues podía haber venido antes —le dije, mientras lo sostenía del brazo.

—Es que no me podía poner de pie. Y menos andar —me contestó entre estertores.

—Ande, pase, que por esta noche le daremos cobijo. No tengo ninguna cama libre, pero el veterinario duerme en una de matrimonio y, en un caso así, no creo que le incomode compartirla. Además, si se acuesta en una orilla, igual no se entera, que ha venido un poco aguardentoso y lleva un sueño muy profundo.

Como conocía bien a don Gregorio, sabía que no le iba a sentar mal, al contrario, era un buen hombre, amigo de hacer favores a todo el mundo.

—¡Bien! Además, como los que andamos por los montes tenemos algo de animales, igual se le ocurre algún remedio para estas calenturas —me contestó con sorna, a la vez que se apoyaba en mi hombro para entrar.

Con gran apuro subimos hasta la cocina, cuando le estaba sirviendo unas sopas de ajo que nos habían sobrado de la cena, me percaté de que tenía los ojos rojos, como de conejo, y unas pintas negruzcas en el cuello, igual a las que me contaba mi padre que se habían llevado a la tumba a muchos soldados de Cuba y Filipinas.

—¡Ay, señor Eustaquio! Igual le ha entrado el tabardillo. Yo no he visto a ninguno, pero todos los soldados que han vuelto vivos de las colonias dicen que mataba más que la pólvora.

—¡Por Dios, Ignacio! ¡Qué dices de soldados! Si yo solo me junto con carboneros que viven en el monte —me dijo haciendo un gran esfuerzo.

Seguimos hablando un poco mientras entraba en calor, y, en tono cómplice, como quien cuanta una vergüenza, me dijo que él nunca se había juntado con gentes de otras tierras. Ni siquiera se había mezclado con los carboneros. Que, aunque le había tocado dormir alguna noche con ellos en las parideras, cada uno dormía envuelto en su manta. Que esas gentes eran muy austeras y no compartían nada. Ni el pan ni la ropa, que siempre usaban la misma y no la lavaban

Cuando estábamos charlando, vi que no se quitaba ojo de las ronchas rojas que le habían salido en los brazos. Mientras me daba esas explicaciones, tenía la mandíbula apretada.

—Señor Eustaquio, igual le ha picado algún piojo o alguna chinche, que cuando tienen hambre son peores que las pulgas. Pero, no me haga mucho caso, porque, ¡qué sabré yo de tabardillos! Si no he salido del pueblo en mi vida —le dije.

En el momento que se terminó la sopa, recogí la escudilla y apagué las brasas que se habían avivado con el aire que bajaba por la chimenea.

—Bueno, ahora a la cama. Mañana será otro día —le dije mientras le ayudaba a levantarse de la cadiera.

Lo acompañé hasta la alcoba de don Gregorio, apreté la mecha del candil con los dedos y lo colgué junto a la chimenea. Sabía que Bernarda me esperaba con las sábanas calientes.

A la mañana siguiente, me desperté sobresaltado. Había soñado con un mozo que hacía pocos días que se había muerto en una paridera. Se corrió por el pueblo que se lo había comido el tabardillo.

Fui corriendo a la alcoba de don Gregorio, que aún dormía la mona. El señor Eustaquio tenía los ojos muy abiertos y la cara llena de ronchas. Por la comisura del labio inferior le salía un hilillo como de hiel. También a él se lo había comido el tabardillo.

Tabardillo. Instrucciones.jpg

El Frago, 1871. El tabardillo pintado, que así se llamaba entonces al tifus exantemático, se llevó a ochenta y siete personas. Murieron el maestro don José Sánchez, el veterinario don Gregorio Sampietro y el posadero Ignacio Beamonte, que andaban todo el día atendiendo a los enfermos.

Durante muchos años se creyó que volverían en una noche de ánimas, un día dos de noviembre, con un saco lleno de piojos de tabardillo.

Carmen Romeo Pemán

 

Imagen principal. Dibujo de Inmaculada Martín Catalán (Teruel, 1949). Profesora, escultora, dibujante y pintora. Comenzó su preparación inicial en Zaragoza, con Alejandro Cañada. Estudió Bellas Artes en Barcelona y Madrid, donde se licenció en la especialidad de Escultura.

Además de su reconocida carrera artística, es una experta en carteles y trabaja con varios grupos de dibujo: Urban Sketchers, Flickr, Group Portraits in your art, Group with Experience.

Inmaculada es una colaboradora importante de Letras desde Mocade.

20170209. Inmaculada en el Pablo Gargallo

Inmaculada Martín dibujando en el museo Pablo Gargallo de Zaragoza

 

 

Mosen Matías

De la tradición oral de las Altas Cinco Villas Aragonesas

Como todas las tardes, me senté debajo del emparrado que había a la entrada del pueblo. El ruido de un coche rojo me sacó del sopor de la siesta. Subía renqueante por la cuesta, el tufo de la gasolina inundó el ambiente y pensé: “¡Se acabó la tranquilidad! Estos veraneantes son una plaga. Llegan como si fueran los dueños del pueblo”.

Como de natural soy un poco curioso, me levanté del poyo con ayuda del bastón. En ese momento, el coche paró delante de mí y se abrió la puerta del conductor. Con el sol de cara no podía ver bien. Me puse las manos en forma de visera y distinguí la silueta de una mujer de unos cuarenta y pocos años.

–¡Buenas tardes, mosén! –me dijo mientras se quitaba las gafas de sol, se ajustaba la bandolera al hombro y se echaba la melena rubia hacia atrás.

De repente me quedé parado. Entonces ella cerró la puerta y desapareció por la calle que llevaba a la plaza.

Esa voz me decía algo. Se parecía a la de María, la hija de la Bernarda, que ya descansaba en paz. Pero habían pasado tanto tiempo después de todo aquello que ya no estaba seguro de nada. Si no hubiera sido por el lumbago, me habría acercado para asegurarme.

Hacía muchos años que María se había marchado del pueblo. Me acuerdo muy bien. Se fue llorando por camino del puente y ya no volvimos a verla. Fue el día que se enteró de mis relaciones con su madre.

Como era una joven impulsiva y rebelde no quiso atender a razones. ¡Y mira que intenté explicárselo! Pero ella que no, que yo había querido engañar a la Bernarda y que se avergonzaba de su madre. Era demasiado joven para entender lo difícil que le resultaba a su madre vivir con un borracho que le pegaba. Por eso se vino a confesar. Quería decirme que iba a abandonar a su marido. Y yo que no, que la obligación de la esposa era estar sujeta al marido. Pero la vi tan empecinada que comencé a darle vueltas y a pensar cómo podría ayudarla. Porque la Bernarda era una de esas mujeres bondadosas, incapaces de levantar la voz a nadie.

Después de mucho cavilar, un día le propuse que viniera a hacerme las faenas de casa. Que le pagaría bien y ella podría llevarle dinero a su marido. Que así la dejaría tranquila si tenía asegurados los cuartos del vino y del juego. En esa conversación me enteré de que la Bernarda, y todo el pueblo, estaban al corriente de que yo aliviaba mis necesidades de hombre con algunas mujeres que no llevaban buena fama. Porque, de repente, me espetó:

–Mosén, si me paga bien, no tendrá que comprar favores a nadie. Usted me arregla la vida a mí y yo se la arreglaré a usted.

Así fue como entró en mi casa. Después, poco a poco, nos fuimos encariñando, que los dos andábamos faltos de afecto. Al cabo de un tiempo, estábamos enamorados como dos tórtolos. Y ya no nos importaba nada ni nadie. Pero el día que me dijo que estaba preñada sentí una punzada en la boca del estómago.

Al principio fue fácil ocultarlo y hacerle creer al marido que era el padre de la criatura. Con el tiempo, se desataron las lenguas. Se empezó a correr que la niña se me parecía, y que hasta tenía un gran lunar en la mejilla izquierda, como el mío. Pero todo se desbarató cuando uno de los pretendientes de la muchacha le dijo que era hija del cura y que su madre era una barragana.

Vino hecha un basilisco y se descaró conmigo.

–¡Usted mismo me enseñó los Mandamientos de la ley de Dios. Creo que el octavo era No dirás falso testimonio ni mentirás. El noveno, No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Y el décimo, No desearás a la mujer de tu prójimo. Pues usted ha cometido tres pecados mortales. Ha pecado contra el octavo, el noveno y el décimo. Y, como no se puede confesar, que en el pueblo no hay otro cura, se va a quemar en el fuego eterno”.

Yo intenté explicarle la verdad. Decirle que no era hija del pecado. Pero no me escuchó. Me escupió a la cara y empezó a correr por el camino que llevaba al pueblo más cercano. Desde ese día la estoy esperando para contarle la verdad.

Aquella tarde, la mujer del coche rojo me revolvió las entrañas. Cuando la vi alejarse del pueblo, me senté de nuevo en el poyo, justo en el otro lado del emparrado, desde donde podía divisar el almendro del cementerio. Y, como todos los días, le conté a la Bernarda que desde que ella se murió la vida había dejado de tener sentido.

Carmen Romeo Pemán

Imagen destacada. Fotograma de la película Journal d’un curé de campagne (1951)

 

Primeras concejalas y alcaldesas españolas

Las nueve aragonesas

Abriendo camino

¿Desde cuándo participamos en el gobierno de los pueblos?

1925. Concepción Pérez Iglesias . Alcaldesa de Portas

Concepción Pérez Iglesias (Compostela, 1881-Lantaño, 1936). Esta maestra, en 1925, fue nombrada alcaldesa de Portas (Pontevedra)

Si echamos un vistazo a la historia, comprobaremos que en España el camino hacia la democracia no ha sido fácil, y para las mujeres, menos aún. En 1923 participamos por vez primera en las instituciones políticas. Pero, como no teníamos derecho al voto, se desató un largo debate sobre el sufragio femenino.

Hubo mujeres que destacaron en las civilizaciones antiguas. Conocemos figuras singulares de Grecia y Roma. La literatura y las leyendas populares recogen figuras de alcaldesas españolas desde la Edad Media. Hoy, todavía se festeja el triunfo de las alcaldesas de Zamarramala. Pero hasta el siglo XX, estos ejemplos eran casos aislados y se debían a situaciones excepcionales y a mujeres de una gran valía.

Y en 1924, así lo recogía Julia Peguero, una maestra zaragozana que dejó oír su voz en el ateneo de Madrid y en la prensa de la época.

Julia Peguero, Mujeres Españolas, Abril, 1930

Julia Peguero Sanz, Zaragoza, 1880-Madrid, 1978.

Me interesa consignar, como vicepresidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), que los momentos para el feminismo son difíciles y decisivos, y no puede ocultársele a la mujer que, mientras el hombre puede pasar inadvertido en su mejor o peor actuación, y hallar excusa a sus desaciertos, la mujer actuará durante mucho tiempo en un plano de singularidad que la pone al descubierto, y, por consiguiente en situación desfavorable de juicio con respecto a sus compañeros de labor.

No puede olvidar la mujer que sólo a título de aprovechar fuerzas que se esterilizan en el hogar cuando éste no las necesita sale a intervenir en la cosa pública. No por sí, sino para la patria, no por satisfacción personal, no para copiar y seguir las huellas del hombre, sino para llevar a la administración su espíritu de gobierno, economía y actividad, en la seguridad de que si no aporta un concurso útil a la vida de la nación, su fracaso particular caería sobre la capacidad femenina en general. (La Voz de Madrid 20/10/1924).

Leyes que sistematizaron nuestra presencia

Dos leyes nos permitieron llegar la palestra pública. La Ley Municipal de 1877, en la que los conservadores promovieron una enmienda a favor del sufragio para las madres cabezas de familia. Y la Ley electoral de 1907, o Ley Maura, en la que se propuso el voto para las mujeres mayores de edad, en las mismas condiciones que a los varones. Y, en 1919, lo volvió a plantear Manuel Burgos Mazo, a la sazón ministro de la Gobernación.

El Estatuto de 1924 y la Asamblea Nacional de 1927

 

Estatuto municipal-2

En la Dictadura de Primo de Rivera, 1923-1930, se nos concedió una representación parcial en los ayuntamientos y en la Asamblea Nacional.

El 8 de marzo de 1924, se aprobó el Nuevo Estatuto Municipal, que sustituía a las Leyes de 1877 y 1907 y que nos otorgaba un voto limitado en las elecciones municipales.

Se concedía el voto a las mujeres cabeza de familia, es decir, a las viudas y solteras con casa propia, que vivieran independientes y que figuraran al frente del padrón. Se excluía a las casadas y a las prostitutas. Como consecuencia de que sólo se incluyera a las cabeza de familia, en el nuevo censo electoral, la cuarta parte de los electores eran mujeres.

En 1927, en un intento de salvar al régimen, se constituyó la Asamblea Nacional. Estaba formada por varones y mujeres solteras, viudas o casadas autorizadas por sus maridos. Es decir, se nos permitió una participación controlada. Se reservaron trece escaños para mujeres, elegidas indirectamente a través de los ayuntamientos y las diputaciones. Aunque la situación no era de normalidad democrática, estas mujeres llevaron a los debates los problemas que, desde su punto de vista, consideraban importantes.

Estas trece mujeres fueron las primeras que ocuparon escaños en el Congreso. Concepción Loring y Heredia habló en la Cámara, el 23 de noviembre de 1927. También fueron elegidas Dolores Cebrián y Fernández de Villegas, mujer de Julián Besteiro, y Esperanza García de la Torre, mujer de Torcuato Luca de Tena, pero renunciaron.

Concejalas, alcaldesas y asambleístas en la dictadura de Primo de Rivera

Más de cien mujeres, en su mayoría de origen burgués, entraron en la vida política con muchas limitaciones. Desde su llegada trabajaron para conquistar el derecho al voto, en una participación sin restricciones. Además iniciaron lo que hoy llamaríamos programas de acción positiva. Por ejemplo, Carmen Cuesta solicitó la creación de institutos femeninos de enseñanza secundaria y una facultad de medicina sólo para mujeres.

El General Primo de Rivera, el Año Político de 1928, decía:

Hay que hacer justicia. Yo he dado el voto a las mujeres españolas. Y en España hay señoras concejalas en Madrid, en Sevilla y en todas las grandes ciudades. En la Asamblea Nacional también tienen puesto catorce damas.

Pronto se levantaron voces, como la de la periodista Carmen de Burgos, contra estas afirmaciones de Primo de Rivera:

¿Concejal o concejala? Lo que más importancia ha tenido hasta ahora en lo que se llama pomposamente “progreso del feminismo en España” es discutir si debe decirse concejal o concejala. Pero el feminismo no ha avanzado un paso con que se dé a la mujer el derecho de ser electora y elegible cuando no existe el sufragio. Las que han obtenido cargos en el concejo municipal lo han hecho en virtud de un nombramiento, no de elección.

El derecho al voto se reconoció en la Constitución de 1931. Las españolas votaron por primera vez en las elecciones generales de noviembre de 1933.

¿Concejal o concejala?

Esta cuestión produjo encendidos debates en la prensa. En los periódicos de la época encontramos argumentos muy peregrinos para defender los dos vocablos. En realidad, más que sobre una terminología lingüística se discutía sobre un posicionamiento ideológico. Los más tradicionales defendían el término concejal  y los progresistas, concejala.

Colombine

Carmen de Burgos y Seguí, conocida como “Colombine” (Almería, 1867-Madrid, 1932)

Carmen de Burgos se desgañitaba buscando ejemplos y reglas gramaticales que avalaran la voz concejala. En cambio, otros, con histrionismo, defendían el uso de concejal. Por ejemplo, al poco tiempo de publicarse el Estatuto de 1924, en La Voz de Madrid, se podía leer lo siguiente:

Concejal o concejala. Nuestra opinión es que las señoras y señoritas que desempeñan el cargo de concejal no pueden llamarse concejalas. Pueden llamarse cualquier otra cosa, pero concejalas no. ¿Cómo se llamarían las esposas de los concejales si las de los generales son generalas? ¿Cómo distinguir a la concejala consorte de la concejala en propiedad? Sin meternos a prejuzgar la cuestión creemos que esto no tiene vuelta de hoja. Antes que concejalas de oficio hubo en el mundo concejalas consortes –y tan en propiedad, por cierto, como las otras. Tienen pues derechos adquiridos a llamarse concejalas; que busquen nombre las advenedizas. Pero si una dama en lo porvenir es al mismo tiempo concejala consorte y concejala del Ayuntamiento? ¿Va volverse loca la pobre repitiendo a todas las horas del día y el salón de sesiones: ¿Qué soy ahora? ¿Concejal? ¿Concejala”.

No nos rasguemos las vestiduras. Hoy, casi cien años después, seguimos con el mismo debate. La lengua y la RAE se han pronunciado, pero cada línea ideológica defiende las palabras que mejor la definen. Como siempre, se quiere hacer uso de la lengua en beneficio de las tendencias ideológicas.

Primeras concejalas aragonesas

Primeras Concejalas aragonesas

Estas mujeres, como todas las españolas que llegaron a los ayuntamientos, tenían una ascendencia burguesa. Aunque unas eran profesionales y otras se dedicaban a sus labores, todas tenían inquietudes sociales y pertenecían a lo que se ha llamado el feminismo católico. No fueron protagonistas de grandes hazañas, pero abrieron caminos por los que luego pudieron transitar otros feminismos. Les preocupó más su aportación que el brillo personal, hasta tal punto que, en muchos casos, ni siquiera podemos reconstruir las biografías de estas pioneras, que se quedaron en el anonimato para siempre.

Quinto de Ebro (Zaragoza). 1924

El 6 de diciembre de 1924, el Heraldo de Aragón publicaba la foto y los nombres de las dos primeras concejalas aragonesas: Concepción Novella Marqués (propietaria) y Rosa Arilla Albar (maestra nacional). El periódico madrileño El siglo futuro había sacado la noticia tres días antes:

También hay concejalas en un pueblo de Aragón. En el Gobierno Civil se ha recibido un oficio del delegado gubernativo correspondiente, dando cuenta de haberse constituido el nuevo Ayuntamiento del pueblo de Quinto del que forman parte, como concejales de aquella localidad, doña Concepción Novella y doña Rosa Arilla. Son las primeras mujeres que desempeñan el cargo de concejal en Aragón.

Hoy, gracias a Antonio Jardiel Badía, hemos podido reconstruir sus biografías.

Concepción Beatriz Novella Marqués (Quinto de Ebro, 1885-1962). Propietaria. Era la sexta de los ocho hijos de Genaro Novella Jaso, confitero y propietario, y de Engracia Marqués Espinosa. Permaneció soltera. Sufrió pérdidas familiares importantes: en 1909 murió su padre y, el 25 de agosto de 1937, al acabar la batalla de Quinto, fusilaron a su hermano Octavio.

Julia, Rosa y Carmen Arilla Albar. Foto de Pilar Bernad Arilla.

Julia, Rosa y Carmen Arilla Albar. Foto de Pilar Bernad Arilla.

Rosa Desideria Arilla Albar. (Quinto de Ebro, Zaragoza, 1896-Zaragoza, ¿?) Maestra Nacional. Era la tercera de los cinco hijos D. Pedro Arilla Sanguesa, médico titular de Quinto, y Dª Pilar Albar. La mayor, Remedios, nacida en 1892, murió muy pronto. Su único hermano, Julián, falleció en 1960. Y Rosa se sintió muy unida a sus hermanas Carmen Jorja, nacida en 1898, y Julia Josefa, nacida en 1899. En vacaciones, las hermanas Arilla compartían juegos con su primo, el escritor Enrique Jardiel Poncela, que pasaba los veranos en Quinto, de donde era su padre. En alguna carta familiar, Enrique las menciona. Las tres hermanas permanecieron solteras y durante muchos años cuidaron de su sobrino y, en 1931, atendieron a Florencio Jardiel Dobato, canónigo del Pilar, en sus últimos días.

En 1920 aprobó las oposiciones de Magisterio en Zaragoza. Tuvo varios destinos y en 1933 tomó posesión de la escuela del Gelsa, donde permaneció muchos años.

Teruel. 1925

La prensa nacional recogió el nombramiento de las dos concejalas.

En la sesión de hoy, en el Ayuntamiento, han tomado posesión los cinco nuevos concejales nombrados. Fueron elegidas, para las Tenencias de Alcaldía, las profesoras de la Normal doña Magdalena Martín y doña Primitiva del Cano. (ABC, 31/01/1925)

Magdalena Martín Ayuso (Oviedo, 1893-¿?) Procedía de una distinguida familia asturiana, hija de Dionisio Martín Ayuso y María de la Cruz Navarro y Rodríguez Vigil. Era discípula del Padre Poveda y perteneció al Instituto Teresiano. Trabajó seis años como profesora de Matemáticas de la Escuela Normal Teruel, donde dirigió la Academia Teresiana. Fue concejala unos meses. En 1927 pidió el traslado a la Escuela Normal de Ciudad Real. Acabó prestando sus servicios en Asturias.

Primitiva del Cano Ledesma (Madrid, 1892-Teruel, 1952) ¡Cuánto debió sufrir doña Primitiva, ella que gustaba de la rimbombancia de su apellido “del Cano”, cuando se viera en la mayoría de las listas y documentos oficiales como “Primitiva Caño”! En los documentos que salieron de su pluma ella dejó bien claro eso de “Primitiva del Cano”. Había estudiado Magisterio Superior en Madrid. Fue durante treinta y cinco años profesora de la Escuela Normal de Teruel, (1915-1952), donde sus enseñanzas y su actividad social dejaron una gran impronta.

Zuera, Zaragoza. 1925

El uno de noviembre, La Vanguardia recogía dos nuevos nombramientos.

En Zuera se ha constituido el nuevo Ayuntamiento, formando parte del mismo las señoras Victoria Quilez y Elvira Conde.

Victoria Quilez y Nasarre de Letosa (1884-1969) Fue concejala del Ayuntamiento de Zuera desde 1925 hasta 1930. Se casó dos veces y no tuvo hijos. En el censo electoral de 1934, de profesión sus labores, vivía en la calle La Iglesia y no constaba su estado civil. Uno de los objetivos de su vida fue velar por la enseñanza y por la formación cristiana de los niños y las niñas de Zuera y de los pueblos próximos. Construyó el colegio de la calle Navas que lleva su nombre. Fundó el colegio de Nuestra Señora del Pilar en un edificio de su propiedad, hoy el Centro Cívico. En un piso comenzó el colegio, en el de arriba vivían las monjas de Santa Ana y doña Victoria y su familia en los aledaños.Victoria Quílez

Elvira Conde. Fue concejala desde 1925 hasta1930. En 1934, ya no consta en el censo electoral de Zuera.

Loporzano, Huesca. 1927

En febrero nombraban a la primera concejala de la provincia de Huesca.

Una señorita ha sido nombrada concejala. Del Gobierno Civil. En la provincia de Huesca no existía la mujer concejala hasta ayer, que fue nombrada la primera para el Ayuntamiento de Loporzano. Esta es la bella e inteligente señorita Adriana Mur Vallés, hermana del ilustrado médico de aquella localidad. Enhorabuena. (Diario de Huesca, 24/02/1927)

Adriana Mur Vallés. Pertenecía a las distinguidas casas de López y Mur, de Loporzano. (Diario de Huesca, 28/01/1917). En 1930, se casó con Mariano Calvo Ciria, un rico propietario de Santa Eulalia la Mayor.

Zaragoza. 1927

El día cuatro de abril, el Diario de Huesca se hacía eco de las novedades en el Ayuntamiento de Zaragoza.

Nuevas concejalas. Zaragoza. El gobernador ha nombrado concejalas suplentes a doña Vicenta Liria, de la Acción Católica, y a doña Aurora Miret, maestra. Estas son las primeras concejalas que han tomado asiento en el Municipio de esa ciudad.

Vicenta Liria Borderas. Hija de Pío Liria Almor, propietario, y de María Pilar Borderas, domiciliados en la calle Alfonso, era directora de la Acción Católica de la Mujer y había participado en muchos programas junto a Juana Salas Cervera, la mujer de Inocencio Jiménez.

Aurora Miret Bernad. (Huesca, 1877-Zaragoza, 1936). Era la tercera de los cinco hijos de Pedro Juan Miret, un Inspector de Hacienda, y Carolina Bernad. En 1898 trabajaba de interina de la Escuela Normal de Palencia y en 1900 de directora de la de León. En 1906 llegó a la de Zaragoza, por concurso de traslado, como profesora de Geografía e Historia, aunque posteriormente impartió las asignaturas de Gramática, Literatura e Historia de la Literatura. En 1917 ingresó en la Junta de Damas de la Cruz Roja de Zaragoza. Y en 1927 se convirtió en una de las dos primeras concejalas del Ayuntamiento de la ciudad.

La prensa nacional se afanaba en buscar noticias de las nuevas concejalas.

Doña Aurora y doña Vicenta no están de acuerdo. Zaragoza. (El gobernador civil ha publicado hoy una lista de 40 concejales suplentes entre los que figuran dos señoritas muy cultas de Zaragoza, doña Aurora Miret, profesora de la Escuela Normal, y doña Vicenta Liria, directora de la Acción Católica de la Mujer. El redactor de El Heraldo ha hablado con ambas señoritas y es curioso conocer cómo opinan. La primera, doña Aurora, dice que la mujer no debe intervenir en la vida pública; que su misión está en el hogar y a lo más en la escuela, como prolongación del hogar; y que si alguna mujer interviene ahora en la vida pública de manera activa, debe hacerlo desde el punto de vista de aconsejar a los padres, esposos, hijos y hermanos. En cambio doña Vicenta sostiene un criterio completamente distinto. Dice que ya era hora que la mujer fuera redimida de la situación humillante en que se encontraba, porque tiene la misma capacidad que el hombre, y que lo que ahora se hace es simplemente una obra de justicia. (La Voz de Madrid, 23/04/1927)

Sesión con doña Aurora Miret. El Ayuntamiento de Zaragoza ha realizado una sesión plenaria para ceder un solar al Estado con el fin de que se construya el edificio de la Delegación de Hacienda. Asistieron varias concejales suplentes, y, por primera vez, la concejal señorita Aurora Miret, a la que el alcalde dio la bienvenida congratulándose de su asistencia. Se aprobó la cesión del solar y el alcalde invitó con un lunch de final de año a los concejales. (ABC, 22 de mayo de 1927)

Para terminar

El destacado papel que adquirimos a principios del siglo XX estuvo relacionado con el apogeo de la Acción Católica, con el propagandismo cristiano y con el auge de las asociaciones seglares.

En la legislación, desde 1877, se fue favoreciendo nuestra participación en la vida pública. Y, como consecuencia de esta nueva sensibilidad, durante la dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1930, se nombraron más de cien concejalas, unas diez alcaldesas y trece representantes en la Asamblea Nacional.

En este artículo he intentado recuperar el contexto que nos permitió acceder a las concejalías y a las alcaldías, elaborar una lista con las que fueron apareciendo en los periódicos de la época y acercarme a la biografía de las aragonesas. No he podido hacer una lista exhaustiva ni reconstruir todas las biografías. Espero que este escrito sea un acicate para que otros continuéis y que entre todos saquemos del olvido a estas mujeres que nos abrieron el camino a nuestra participación ciudadana.

1924. Matilde Pérez Mollá. Quatretondeta.

Matilde Pérez Mollá (1858-1936). Primera alcaldesa de España, en Quatretondeta, Alicantes.

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Addenda. Las listas

Antes del Estatuto Municipal del 8 de marzo de 1924

  1. ¿Fernica?, Georgina. Madrid.
  2. Gómez Gómez, Nieves Velada. Toledo. (17 de febrero de 1924)
  3. Oliver, Gregoria. Velada. Toledo (17 de febrero de 1924)
  4. Ruiz, Petra. Velada. Toledo. (17 de febrero de 1924)

Después del Estatuto Municipal 1924

1924

  1. ALCALDESA SIN IDENTIFICAR. Segorbe. Castellón
  2. Argüelles, María. Cangas de Tineo. Asturias
  3. Arilla Albar, Rosa. Quinto de Ebro (Zaragoza).
  4. Azpiazu y Paúl, Teresa de Jesús. Málaga.
  5. Belda. Agullent, Señora de. Valencia
  6. Calonge y Page, Elisa. Madrid
  7. CODINA I ARNAU, DOLORES. Alcaldesa. Talladell.
  8. Collado y de Llano, María del. Cangas de Tineo. Asturias.
  9. Cuevasanta Montfort, Tomasa. Segorbe. Castellón
  10. Díaz Moreno, María. Almendralejo, Badajoz
  11. Echarri, María de. Concejala. Madrid
  12. García Pereira, Dolores. Concejala. Cangas de Tineo. Asturias
  13. García, Catalina. Concejala. Trejo del Campo. Alicante
  14. Herand (o Herraut) López Pintado, Milagros. Concejala. Segorbe, Castellón
  15. Ibáñez, Carmen. Concejala. Teniente de Alcalde. Artana. Castellón
  16. Igual, Blanca de. Concejala. Madrid
  17. Jamardo Crismán, Florinda. Concejala. Rois. Pontevedra
  18. Jimeno Gargallo, Cándida. Concejala. Alicante
  19. Martín Almazán, Francisca. Concejala. Teniente de Alcalde. Segorbe, Castellón
  20. Novella Marqués, Concepción. Quinto de Ebro (Zaragoza)
  21. Penagos Benedicto, Matilde. Concejala. Montilla. Córdoba
  22. Perales (o Peralta) Pellicer. Ana. Concejala. Lorcha. Alicante
  23. Pereira Díaz, Concepción. Concejala. Cangas de Tineo. Asturias
  24. PÉREZ MOLLÁ, MATILDE. Alcaldesa. Quatretondeta. Alicante
  25. Rodríguez Álvarez (¿Martínez?), Jovita. Concejala. Cangas de Narcea. Asturias
  26. Solanich Lacombre, María del Socorro. Concejala. Alicante
  27. Timonel (o Jiménez) Roselló, María. Concejala. Segorbe. Castellón

1925

  1. ALCALDESA SIN IDENTIFICAR. Moral de Calatrava. Ciudad Real
  2. Alegre Vilar, María. Concejala. Castellón
  3. Cano Ledesma, Primitiva. Concejala. Teniente de alcalde. Teruel
  4. Conde, Elvira. Concejala. Zuera, Zaragoza
  5. Fabregat Sanz, Ramona. Concejala. Castellón
  6. González Ramos, Consuelo, “Celsa Regis” o “Celsia Regis”. Concejala. Madrid
  7. Ibáñez Lagarda, María de los Desamparados, “Amparo”. Concejala. Castellón
  8. Lucena, Carmen. Concejala. Ronda, Málaga
  9. Martín Ayuso, Magdalena. Concejala. Teniente de Alcalde. Teruel
  10. MONTORO ROMERO, PETRA. Alcaldesa. Sorihuela de Guadalimar, Jaén
  11. Ochoa Vicente, Julia. Concejala. Cuenca
  12. Olóriz Arceluz, Josefina. Concejala. San Sebastián
  13. Ovin, Isabel. Concejala. Carmona. Sevilla
  14. Pazó Prado, Purificación. Concejala. Moaña. Pontevedra
  15. PÉREZ IGLESIAS, CONCEPCIÓN. Alcaldesa. Portas, Pontevedra
  16. Piñero, Felisa. Concejala. Villablino. León
  17. Quílez y Nasarre de Letosa, Victoria. Concejala. Zuera, Zaragoza
  18. Quintanilla, Mecedes. Concejala. Madrid
  19. Resines Gardeazábal, Carmen. Concejala. Teniente de alcalde. San Sebastián
  20. Sánchez Miñambres, María. Concejala. León
  21. Sans Selma, Vicente, Viuda de  (Propuesta, pero renunció). Concejala. Barcelona
  22. Tena Pastor, Eduvigis. Concejala. Castellón

1926

  1. Cañellas. Constanvi, Carmen. Concejala. Tarragona
  2. Castellón Mac Mahón, Justa. Concejala. Bilbao
  3. Concejala sin identificar. Alcalá de Xivert. Concejala. Castellón
  4. Cutanda Salazar, Pilar. Concejala. Toledo
  5. Espinosa de los Monteros, María. Concejala. Segovia
  6. García Moreno, Carmen. Concejala. Segovia
  7. López de Sagredo y Andreo, María. Concejala. Barcelona
  8. Mac Mahón Jacquet, Carolina. Concejala. Bilbao
  9. MENDALIO MENDIOLA, BENITA. Alcaldesa. Bolaños de Campos, Valladolid
  10. Méndez de la Torre (Torres) y Rodríguez, Elvira. Concejala. Toledo

1927

  1. Álvarez de Rovina, Agustina. Concejala. Vigo
  2. Capdevila y Cardona (o Padrona), Dolores. Concejala. Municipio sin identificar
  3. Díaz de Serralde Ayala, Luisa. Concejala. Vitoria
  4. Díaz Rabaneda, Micaela. Concejala. Madrid
  5. García Cortés, Teresa. Concejala. El Ferrol. La Coruña
  6. García Loygorri, Ángela. Concejala. Madrid
  7. González Fiori, Adela. Concejala. Madrid
  8. Isla y Vallecillo (Vallecilla), Micaela de. Concejala. Herce. La Rioja
  9. Liria Borderas, Vicenta. Concejala. Zaragoza
  10. López Puzo, Mercedes. Concejala. El Ferrol, La Coruña
  11. Losada Prado, Margarita. Concejala. Vigo
  12. Martínez Pisón (o Fisón), María. Concejala. Fue propuesta pero renunció. Vitoria
  13. Miret Bernad, Aurora. Concejala. Zaragoza
  14. Moreu Gisbert, Luz. Concejala. Motril. Granada
  15. Mur Vallés, Adriana. Concejala. Loporzano, Huesca
  16. Pedregosa Cano, María Ángeles. Concejala. Bailén. Jaén
  17. Perales y Gonzalez Bravo (o Brau), María Dolores. Concejala. Madrid
  18. Sáenz de Heredia, María Nieves. Concejala. Madrid
  19. Sáez de Quejana, Teresa. Concejala. Vitoria
  20. Viana, Encarnación. Concejala. Vitoria

1928

  1. Aguilar Paredes, Eloísa. Hinojosa del Valle. Concejala. Badajoz
  2. Borrero Peral, Manuela. Concejala. Huelva
  3. Concejala sin identificar. Concejala. Cádiz
  4. Fenández Magaz, Pilar. Concejala. Zafra. Badajoz
  5. Fernández Reguera, Julia. Concejala. Cabuérniga. Cantabria
  6. García Pesquera, Diana. Concejala. Sevilla
  7. Mier, Petra. Concejala. Cabuérniga. Cantabria
  8. Ortiz Trueba, Patrocinio. Concejala. Ampuero. Cantabria
  9. Pérez Baturone (Baturones o Baturrone), Concepción. Concejala. San Sebastián
  10. Ponce Castaño, Gertrudis. Concejala. Huelva
  11. Ramudo Ramudo, Dolores. Concejala. Villalba. Lugo
  12. Sama Pérez, Dolores. Concejala. Toledo
  13. Seras Romero, María Luisa. Concejala. Municipio sin identificar
  14. Tavira y Díez de Ceballos, Pilar. Concejala. Sevilla
  15. VELASCO, JUANA. Alcaldesa. Concejala. Cantalejo, Segovia
  16. Zabala, María. Concejala. Granada

1929

  1. Aguilar Goya, María Antonia. Concejala. Sevilla
  2. Galán Carvajal, María. Concejala. Oviedo
  3. García Mauriño, Carmen. Concejala. Oviedo
  4. Maqua Carrizo, Isabel. Concejala. Oviedo
  5. Marín Molina, María. Concejala. Albacete
  6. Moreno, Isabel. Concejala. Oviedo
  7. Sala y Jove, Gertrudis de la. Concejala. Oviedo
  1. Gobierno de Berenguer

  1. Abia Martín, Elisa. Concejala. Sotobañado. Palencia
  2. HERRERO DEL CORRAL, Candelas. Alcaldesa. Sotobaño (Castromocho), Palencia
  3. MATA PÉREZ, Amparo. Alcaldesa. Sotobañado. Palencia

Asamblea Nacional (1927-1930)

  1. Cuesta del Muro, Carmen
  2. Díaz y Rabaneda, Micaela
  3. Domínguez Atalaya, Natividad
  4. Echarri y Martínez, María
  5. López de Sagrado y Andrés, María
  6. López Monleón, María
  7. Loring y Heredia, Concepción
  8. Luzzatti Quiñones de López de Rúa, Teresa
  9. Maeztu y Whitney, María
  10. Olóriz Arceluz, Josefina
  11. Quesada y Gutiérrez de los Ríos, Isidra
  12. Ríos Nostench, Blanca de los
  13. Scholtz-Hermensdorff, Trinidad von

 

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Página de la revista Mundo Femenino, julio de 1934, p. 9.

En el molino del Arba

De las fragolinas de mis ayeres

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Negra sombra que me asombras, vuelves haciéndome burla.
Rosalía de Castro

Orosia se quedó tan atolondrada que estuvo varios días sin reaccionar. Aquello le parecía imposible. “¿Cómo me lo han podido ocultar durante tantos años? Tengo que saberlo todo. ¡Todo!”.
Entonces, se arrebujaba entre unas mantas blanquecinas, como aquellas con las que un día sacaron a escondidas a una niña que acababa de nacer en el viejo molino de El Frago, en la orilla del Arba, mientras su cabeza no paraba de dar vueltas como las ruedas del molino.”
Todo había comenzado cuando el conde de Luna y su secretario llegaron para palabrar el precio de la molienda de los quinientos cahíces de trigo que esperaban cosechar ese año. “¡Vaya fortuna!” —pensó el molinero—. “Estos no se me van a escapar. Ya me las arreglaré como sea”.
Estaban en tratos cuando apareció Candelaria, la hija pequeña del molinero, que se encargaba de servir aguardiente a los parroquianos. Esa adolescente, de carnes prietas y andar menudo, enloqueció al conde, que echaba la culpa de su fogosidad a lo rojizo de sus cabellos. Durante un buen tiempo la cortejó y la acosó. Y un día la violó.
A los tres meses, volvió el conde con los cahíces de trigo y el molinero le pidió un precio más elevado por la molienda como recompensa al silencio por el embarazo de su hija. El conde no aceptó el trato y el molinero lo amenazó con difamarlo entre las gentes de la ribera del Arba que acudían a moler. En ese tiempo, Candelaria había visitado a varias sanadoras pero, a pesar de sus pócimas, no había conseguido abortar.
Cuando su padre le comunicó la reacción del conde, como no estaba dispuesta a perder su honra, aparejó la yegua, tomo el camino de Luna y se presentó en el palacio condal. Después de una larga espera y muchas discusiones con los criados, consiguió hablar con el conde. Cuando lo vio, de un tirón le espetó lo que tantas veces había ensayado.
—Sepa, vuestra merced, que, si usted no repara lo que me ha hecho, divulgaré mi afrenta por las plazas y mercados. Yo misma me encargaré de que sea noticia en todos los molinos de la redolada. Sepa que los comerciantes lo llevarán en lenguas, que será un escándalo en las casas señoriales y que se le pudrirá el trigo en los graneros.
Candelaria, con sus gritos y sus ojos desorbitados, consiguió amilanarlo. Cuando ella abandonó el palacio, él buscó a su secretario y le ordenó que fuera al molino.
—Busca al molinero y proponle el siguiente trato. Dile que, como Candelaria es todavía muy niña, tú te casarás con su hermana mayor, antes de un mes. Y que cuando nazca mi vástago, lo adoptaréis y lo inscribiréis como vuestro.
El secretario se resistió y protestó, pero de nada le sirvió. A los pocos meses, el nuevo matrimonio de conveniencia condil se hizo cargo de la recién nacida Orosia. La envolvieron en una manta, blanquecina por el polvo de la molienda, y se marcharon a tierras lejanas, donde montaron una posada. Era una niña pelirroja, con un lunar en la nuca, igual que su progenitor. Con los años se convirtió en una de las posaderas más famosas de su entorno.
En la ribera del Arba se fueron olvidando estos hechos, pero quedaron en la memoria de algunas gentes que los divulgaron como conseja.
Y, un día, mientras Orosia servía a unos arrieros, les oyó contar una leyenda de las Altas Cinco Villas. Hablaba de un conde, de la hija de un molinero y de la niña que tuvieron en secreto. Una niña pelirroja con un lunar en la nuca. A medida que la iba oyendo volaba sobre su cabeza la negra sombra que la había perseguido desde que le había preguntado a su madre por el color de sus cabellos.

Carmen Romeo Peman

Corral de la fábrica.jpg

Corral de la Fábrica de harinas de El Frago en la ribera del Arba

Imagen destacada: Fachada principal de la Fábrica de harinas de El Frago. Fotos de Carmen Romeo Pemán.

PICARUELA Y PICARIZA

Nombres y costumbres de las Altas Cinco Villas

Escenarios de mis relatos

Hoy vengo a hablaros de los nombres, usos y costumbres que tuvieron su origen en la pez, un mejunje pringoso de color negruzco. Fue un producto imprescindible en toda España, desde la época ibero romana, que dejó abundantes huellas en la lengua y los nombres de lugar. En este artículo me centraré en la Comarca de las Altas Cinco Villas, al norte de Aragón. Y en particular en El Frago y Biel, dos pueblos de la provincia de Zaragoza en los que viví mi infancia y adolescencia.

De niña sentía gran curiosidad por la pez con la que marcaban a las ovejas después de esquilarlas. En mi casa, casa Melchor, se utilizaba un hierro en forma de M, untado en pez. Y otro con una M más pequeña para las talegas y los sacos del trigo. Me pasaba muchas horas pensando cómo los botos de cuero, que también llevaban pez, ardían tan bien en las hogueras. Y me costó entender por qué no servía una bota de vino cuando “se le había bajado la pez al culo” y qué querían decir los abundantes refranes en los que se mencionaba la pez.

Viviendo en El Frago, conocí a Lorenzo, un viejo carbonero que había sido un antiguo pezero en los hornos de pez en el monte de Picaruela. Me contaba que en Biel tenían el horno de pez en la Picariza, un barranco justo a la salida del pueblo. Pero, eso tenía sus inconvenientes. Que no tenían a mano los trozos de madera y necesitaban un carro con caballerías.

Nombres de los escenarios de mis relatos

Casi nunca se bautizan al azar los lugares ni las personas. Siempre hay una razón que justifica sus nombres, aunque no resulte evidente. Y de eso voy a hablaros. De los nombres de los escenarios de mis relatos de las Altas Cinco Villas, de lo que los profesores y los lingüistas llamamos toponimia.

Hoy solo os traigo uno, PICA o PEZ. Si os gusta, en el futuro habrá más.

PICARUELA y PICARIZA son dos variantes de la misma palabra. Se refieren a una zona de monte en la que había un pozo para hacer pez con madera de pino resinoso, especialmente con raíces y tocones. A nosotros, estos términos ya no nos dicen nada, es decir, se han vuelto topónimos ciegos. El significado original se perdió, a principios el siglo XX, con la artesanía de la pez. Esta industria, indispensable en las zonas rurales, desapareció con el desarrollo de las sustancias petroquímicas.

CARRETERA DE SADABA. LLANO. REGUELTICA A PICARIZA.

Llano que lleva a la Picariza. Foto de Julio Pablos, con el propio Julio Pablos.

¿Qué era la PEZ, PEGA o PICA?

Una sustancia negra, viscosa y olorosa, sobre todo cuando se reblandecía por el calor. La materia prima era el alquitrán vegetal, procedente de pinos resinosos. Según con qué sustancias se mezclara o en qué oficios se utilizara, había varios tipos de pez

¿Cómo se obtenía la pez?

Había dos tipos básicos: la PIX ALBA, o pez blanca, y la PIX NIGRA, o pez negra, con sus múltiples variantes, procedente del pino. Y, del enebro, juniperus, se extraía el aceite de enebro, un producto diferente, con el que a veces se confunde. Tenemos noticias de un horno de aceite de enebro en el término de Valzargas y otro en el Estanco, los dos en El Frago. Por la abundancia de enebro en la zona, podemos suponer que habría más.

La pez blanca, la más pura y fácil de manipular, resultaba del sangrando los pinos desde marzo hasta noviembre. La pez negra, la más abundante y más utilizada, se conseguía por destilación de maderas resinosas en unos hornos, o pegueras. Era la llamada brea vegetal que se obtenía calentando los tocones o las raíces de los pinos que quedaban después de cortarlos.

El Picaruela de El Frago y el Picariza de Biel hacen referencia a los pozos en los que se fabricaba la pez negra. Estos pozos, pezeras, en castellano se llamaban pegueras o empecinados. Eran unas construcciones de adobe reforzadas con piedras en las laderas de los montes o en las afueras de los pueblos. Siempre estaban en tierras arcillosas y junto a los barrancos, porque se necesitaba mucha agua para embarrarlos. En el suelo interior había una pequeña inclinación con un agujero que se comunicaba con una olla o caldera exterior en la que se recogía la pez.

Los trozos de pino se metían en un hoyo de estructura cilíndrica, sin salida inferior, y abierto por arriba. Se prendían con una estopa encendida y se dejaban arder tres o cuatro días para que se desprendiera la resina, sin que se quemara la madera. Para saber si la brea, o alquitrán, había pasado al estado de pez, se introducía un palo y se echaban unas gotas en un recipiente con agua fría.

Después, se apagaba el fuego y se ponía una tapadera en el pozo. Cuando se había enfriado, se separaba la materia semisólida, que una vez desecada era la pez negra. En otra sobrenadaba el llamado aceite de pez. Era un trabajo de invierno, después de haber sangrado a los pinos.

Un horno de Brea en Gran Canaria.

Horno de pez. Gran Canaria

¿Para qué se usaba?

Como era un material líquido y viscoso cuando estaba caliente, pero sólido cuando se enfriaba, se pudo usar con facilidad en diferentes oficios. Por sus excelentes cualidades se convirtió en un producto básico insustituible.

Los pastores usaban la pega negra para marcar el ganado antes y después de esquilarlo, sin hacerle daño. Con esta pez hacían emplastos para curar las llagas y las heridas de las reses. Y la utilizaron, a modo de yeso, para inmovilizarles los miembros rotos. En el siglo XIII, nos habla Alfonso X el Sabio en su libro El Lapidario de esta resina: “facen end emplastro es muy  bona pora  madurar las llagas.

Los boteros usaban la pez seca, tal y como salía de la destilación, para embetunar y tapar cortes. Los botos de grandes pellejos de machos cabríos, impermeabilizados con pez, se utilizaban para trasportar vinos y aceites. Su popularidad se debió a que se adaptaban bien a los lomos de las caballerías y no se rompían con los golpes. Si se añadía aceite, se obtenía la pez grasa, con la que se pintaban los botos de cuero por dentro.

Los zapateros hacían el cerote mezclando la pega negra con grasa. Los guarnicioneros untaban la hebra con la que cosían sus piezas de cuero para darles más consistencia.

Desde la época ibérica y romana, se impermeabilizaban los utensilios de cerámica y las embarcaciones con pez.

Las costumbres antiguas en la lengua

Estas costumbres ancestrales dejaron huellas en los nombres de lugar, en el habla coloquial y en la literatura popular. Decimos que algo es “negro como la pez”, cuando queremos resaltar que es de color negro intenso. “Pez con pez”, totalmente desocupado, vacío, por alusión a los odres de cuero cuando no tienen nada dentro.

El propio verbo pegar está relacionado con las características y tratamiento de la pez. Como también los adjetivos pecinero, que significa reñidor, y pezolaga o niño muy travieso. Y en castellano el verbo brear, de brea o pez, con el significado de maltratar, tenía mucho que ver con la antigua pena de embadurnar a los delincuentes con esta sustancia para avergonzarlos.

Abundan los refranes acerca de la pez: “Cuando el arriero da la bota, o tiene pez o está rota”, “Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a pez o está rota”, “Quien a la pez se llega, algo se le pega”, “Quien toca la pez, tiznado sale”, “Achaques al odre que sabe a la pez”, “El sol la sal atiesta la pez reblandece”, “El dinero fácil es como la pez, si lo tocas te pringa”.

De pequeña oí muchas veces un cuento de nunca acabar: “Había un rey, que tenía tres hijas, las metió en tres botijas y las tapó con pez. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?”.

Del nombre latino al nombre de lugar. PICARUELA y PICARIZA

Del nombre culto latino, PIX-PICIS, derivó un hipotético *PICA, pez, como alteración de PICE, que en latín vulgar se convirtió en PECA>PEGA.

A su vez, PICARUELA Y PICARIZA proceden de PICA. Estos nombres hacen referencia a dos parcelas de monte en las que se había construido un pozo para hacer pez.

PICARUELA. También deriva de *PICA>PICARIA> PICARIOLA. En este caso con diminutivo afectivo. En El Frago, hace referencia a dos extensiones de monte de pino en los que se habían construido pozos para hacer pez. Picaruela Mayor y Picaruela Chica. Por la forma de nombrar, suponemos que originariamente pertenecían al mismo propietario.

El primer dueño de un “fundus”, base económica romana, le daba un nombre que posteriormente era inalterable, aunque cambiara de amo. Si fundaba dos propiedades juntas, las dos recibían el mismo nombre, con un adjetivo que las diferenciara. En El Frago también encontramos los Urietes Grandes y los Urietes Chicos.

PICARIZA. Está en Biel (Zaragoza) y hace referencia a un término cerca del pueblo en el que estaba el hoyo de fabricar la pez. Deriva del hipotético *PICARICEA, procedente también de PICARIA. Y debían ocuparse de la pez los de “casa Pecero”.

Para terminar

La obtención y el uso de la pez ha llamado la atención a los estudiosos de la cultura popular. A los habitantes de Longás, un municipio de la comarca de las Altas Cinco Villas, al otro lado de la Sierra de Santo Domingo, se les conoce con el mote de pezeros y en el pueblo está la calle Pezuelo. Se cree que había unos cincuenta hornos alrededor del pueblo, que vendían pez en todo el Pirineo. La Asociación Cultural la Chinela y Eugenio Monesma con “Los pegueros de Longás”, se han preocupado de mantener viva esta tradición. También han recuperado el arte de este oficio en Yésero (Huesca) y en Covaleda (Soria).

La del aceite de enebro fue una industria tan importante como la de la pez, con la que a veces se confunde. El Juniper, o aceite de enebro, se utilizaba en medicina tradicional para el tratamiento de enfermedades de hombres y animales. Se obtenía en unos pequeños hornos secos, sin necesidad de agua, que se colocaban sobre rocas. Estos hornos artesanales dejaron unas huellas muy características, que algunos historiadores interpretaron como petroglifos prehistóricos de carácter mágico o ritual.

Acabaré con la cita de un documento muy interesante sobre estas costumbres, recogidas en uno de los pleitos entre Biel y El Frago.

“Está tratado y capitulado que ni los de Biel ni los de El Frago, concejil ni particularmente, dentro de la partida del Estanco no puedan hacer de hoy adelante aceite de enebro, ni hornos, ni carbón, ni leña ni madera para vender fuera de dichos pueblos, ni en ellos ni en sus términos para llevarlos fuera, sino tan solo para sus propios usos y de sus casas y labores. Y para sus herrerías y para los vecinos y habitadores de dichos pueblos, exceptuado que Joan y Pedro Miana de Orés, o sus herederos, que tienen hecho su horno en Balsargas, y han gastado en el que puedan hacer tan solamente dos hornadas en dicho horno”. Capitulación hecha, en 1610, por los justicia y jurados concejos de Biel y El Frago. Testificada por F. Paian y Miguel Sánchez de Lizarazo. Fol 46v. El texto está modernizado.

Horno de aceite de enegro en Ujué, Navarra

Horno de aceite de enebro. Ujué (Navarra)

Carmen Romeo Pemán

Imagen principal. Actual pista forestal que recorre el monte de El Frago llamado Picaruela.